Guamúchil, Sinaloa. A los 8 años, Jordan Soto Bojórquez, conocido hoy como “Jordan Sin Límites”, se aferró a la vida después de recibir una descarga de 7 mil 500 voltios de electricidad que le arrebató sus piernas y brazos, pero no su deseo de soñar. Ahora, con 28 años, esposo, padre y pintor, comparte su historia para demostrar que no existen barreras cuando la voluntad es más fuerte que la desgracia.
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En el marco del Día Internacional de la Juventud, Jordan ofreció la conferencia motivacional “Nada es fácil, pero tampoco imposible”, donde relató el accidente que marcó su infancia en la casa de sus abuelos en Culiacán, Sinaloa. Con voz firme, recordó cómo la curiosidad y la inocencia de un niño lo llevaron a tocar unos cables de alta tensión con una varilla metálica, en busca de bajar un improvisado juguete.
“Recibí quemaduras de tercer y cuarto grado… prácticamente hasta el hueso. Fue muy difícil, pero gracias al apoyo de mi familia, de mis padres, mis hermanos y hoy de mi esposa e hijos, salí adelante”, compartió ante decenas de jóvenes que lo escuchaban en silencio.
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El proceso no fue corto: 16 años de cirugías y prótesis formaron parte de su vida. Hace poco compartió en redes sociales una fotografía con las prótesis que usó a lo largo de ese camino, describiéndolas no como un símbolo de dolor, sino como “trofeos” que lo han llevado hasta donde está.
Pese a las críticas que recibió, explicó que aquellas prótesis son parte de su historia y que, por su fabricación personalizada, no pueden ser donadas. “No era egoísmo, simplemente no son reutilizables; pero para mí representan lucha y victoria”, aclaró.
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Sin límites, de verdad
Lejos de dejarse vencer, Jordan aprendió a valerse por sí mismo en casi todo: maneja automóvil, motocicleta e incluso tráiler; ha volado en tirolesa, se dedica a la pintura y encontró en el arte una forma de expresar su resiliencia.
“Hay cosas en las que sí necesito apoyo, como para ir al baño, pero en lo demás he aprendido a hacerlo. Lo importante es perder el miedo, porque muchas personas que tienen todo completo no se atreven a hacer lo que yo he hecho”, expresó entre aplausos.
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Casado desde los 17 años y padre de dos niños, Jordan afirma que lo que vivió no fue un castigo, sino una misión. “Dios me dejó aquí para ser un ejemplo de vida, para demostrar que sí se puede, que no hay límites para hacer las cosas”, subrayó.
Con una sonrisa que refleja fuerza y esperanza, Jordan cerró su conferencia con el mensaje que lo acompaña en cada paso: “Nada es fácil, pero tampoco imposible”, dejando una huella imborrable en los jóvenes que lo escucharon y que hoy se llevan una lección de vida que difícilmente olvidarán.
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