Politizar la salud

Son dos cosas que me quedan presentes en estos dos años del diputado Florentino Vizcarra en el Congreso del Estado: El que reconociera en tribuna que recibió 300 mil pesos como soborno para votar a favor de una iniciativa y la reciente declaración politizando un tema tan delicado como es la salud en el municipio de Sinaloa.

Esta semana el legislador hizo declaraciones a medios de comunicación sobre el lamentable rezago en materia de salud que se tiene en el alteño municipio.

Muchos habitantes del municipio de Sinaloa se tienen que trasladar hasta el Hospital General de Guasave para recibir atención, porque en allá no tienen lo más elemental.

Dijo que se carece de personal de salud, medicamentos y primeros auxilios. La aseveración es irrefutable, aquí mismo lo hemos dicho en reiteradas ocasiones, pero la intención cuestionable.

“Si yo no soy del PRI no recibo un beneficio, ¿porqué?, porque no voté por ellos, cuando los impuestos son de todos”, apuntó.

No. La entidad y el municipio de Sinaloa han tenido gobiernos emanados de otros partidos, afines al propio diputado, y las condiciones en materia de atención en materia de salud a los habitantes de esta zona del estado no han sido mejores.

Incluso el diputado omite con toda intención algo grave que impacta la atención a enfermos en su municipio. La modesta clínica del IMSS, dependiente del gobierno federal, fue cerrada pese al reclamo de los derechohabientes.

El problema no es ese que desliza convenencieramente el diputado morenista. El asunto es la insensibilidad de los gobiernos que se han tenido, de todos los colores.

La salud debe ser una asignatura prioritaria de la autoridad en la pirámide de la política social, porque eso hace la diferencia entre la visa y la muerte.

Insisto. No se puede jugar con la salud de los ciudadanos, y menos con la de los más desprotegidos. El que una autoridad no cumpla con esta responsabilidad, muestra su desprecio a la vida de sus gobernados, principalmente la de aquellos económicamente más vulnerables, que tienen en los servicios de salud pública que presta el Estado casi siempre la única posibilidad de sobrevivir a una enfermedad.

Eso es innegable. Lo que no se vale es darle carácter político a un asunto tan delicado como es el de la salud con afanes electorales.

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