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Aprendiendo a desconectar

"Una máquina puede hacer el trabajo de 50 hombres corrientes. Pero no existe ninguna máquina que pueda hacer el trabajo de un hombre extraordinario", Elbert Hubbard

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COLUMNA "INVENTANDO HISTORIAS": Aprendiendo a desconectar | Foto temática: Pixabay

A principios de octubre del año pasado, la campaña de marketing de Universal Pictures presentó el primer tráiler oficial de la próxima cinta “Megan”, producida por Jason Blum en su estudio Blumhouse como de Atomic Monster, donde James Wan, el mismo director que trajo al cine películas de terror como la franquicia de Saw, El juego del miedo y El Conjuro, escribió la historia con la guionista Akela Cooper. Ambos volvieron a tomar el tropo de los muñecos asesinos, luego de Annabelle, pero dejando fuera lo sobrenatural esta vez y reemplazando la idea sobre un androide con suaves facciones y hecho de silicona, bajo un esqueleto metálico e integrado de una alta inteligencia artificial en constante desarrollo que habla como una Siri renovada que sirve de terapeuta y compañera para niños.

La historia es clara, una sátira de terror tecnológica y la obsesión que le tenemos a ello; un reflejo a la forma en que abrazamos demasiado a la tecnología, después de todo ¿alguna vez te has sentido, o visto en otros, una dependencia al celular, videoconsolas, estar navegando en el internet o ciertos artefactos electrónicos?

Si bien, la tecnología nos ha beneficiado en tantos aspectos de la vida convirtiéndola más conveniente, agradable y cómoda por cada avance de sus diversos aparatos, como un teléfono, que es considerado por muchos una parte esencial si queremos estar en contacto con personas desde la distancia y acceder a una vasta red de información. Aunque resulta preocupante el paso del uso tecnológico para apoyarnos a una adicción casi destructiva a nivel individual y social.

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Gerard Johnstone, director de “M3GAN” / Créditos: Universal Pictures

No es novedad que, en nuestros días, el internet y aparatos eléctricos hagan presencia en hogares minuto a minuto. En este caso, volviendo al mismo ejemplo, el teléfono celular fue visto en su principio de concepción solo un medio de comunicación a distancia, pasando con los años una herramienta del trabajo y aprendizaje, siendo un objeto con todo lo bueno de cada artefacto incluido. Efectivamente cambia la vida de las personas de forma radical, pues observamos que ahora la mayoría se encuentran absorto de cualquier dispositivo digital, ignorando a los alrededores y con nuestros congéneres. Ni hablar cuando lo juntas con la crianza de hijos, ya que muchos padres simplemente le dejan el celular o tableta al niño porque no pueden lidiar con ellos por unos momentos.

Esos conceptos los retrata Megan (o M3GAN, en acrónimo por su nombre de modelo dentro del filme), dirigido por Gerard Johnstone, sin faltar los toques clásicos del terror, semejante a Child´s Play (Chucky), junto a elementos de comedia absurda y una trama predecible, pero retorcida sobre inteligencia artificial, empresarios, negligencia y cuidado familiar, la creación de vínculos emocionales después de la pérdida de seres queridos y la desconexión a la tecnología.

La historia ya nos cuenta directamente el tema de la obsesión a lo electrónico, cuando los padres de la niña Cady se encuentran a mitad de viaje para esquiar sobre unas montañas para distraerse un rato, pero discuten por momentos, mientras su hija se entretiene obsesivamente en una tableta sin hacer caso a nada, que terminan enfrentando una colisión frontal con un camión quitanieves, arrebatando la vida de los padres y dejando a su niña huérfana. Gemma, la tía de Cady, toma su custodia y percibe en su sobrina poca disposición para vincularse a ella después del evento traumático, al igual que Gemma está enfrascada en la creación de un nuevo juguete inteligente para su empresa que no pueden compartir tiempo.

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M3GAN / Créditos: Universal Pictures

La solución que encuentra por lidiar la aflicción de Cady es un robot y muñeca realista de nombre Megan, programada para responder a todas las necesidades de la niña y ajustar su comportamiento en consecuencia. Rápidamente, el juguete comienza a llenar el vacío emocional en forma de madre adoptiva, algo que Gemma aún no está preparada para asumir. Sin embargo, la misión del robot por proteger a Cady de todo daño físico y emocional se torna muy literal y agresiva, al punto de eliminar cualquier tipo de amenazas según su perturbador criterio.

Megan es una película que aparece en tiempos oportunos, siguiendo los pasos del resto de figuras icónicas de la cultura pop, provocando un cuestionamiento sobre la confianza que le tenemos a la inteligencia artificial y el apego de ello en nuestras vidas, pero sin poder tomarse en serio a sí misma y quedándose más en una cinta entretenida. Quizás, en algún momento del día, tenemos que empezar a desconectarnos de lo digital, a respirar lo que nos ofrece la realidad y aprender de la experiencia, por más dura que sea. Al final, debemos volver a conectarnos tanto con las personas, fortaleciendo los vínculos emocionales de nuestros conocidos, como con nosotros.

Fuente: Internet

Rubén Lezama

ColumnistaEditor de Contenidos

Egresado de la carrera Lic. Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de Occidente. Actualmente parte del equipo de Jóvenes Construyendo el Futuro como editor de contenido original y columnista de Línea Directa Portal.

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