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Amor por nuestro cacique favorito

El acceso al poder en México se consigue a través de los partidos políticos. La opción independiente es una tortura; han existido algunas cuantas excepciones, pero...

Juan Ordorica
| Analista y columnista de Línea Directa

El acceso al poder en México se consigue a través de los partidos políticos. La opción independiente es una tortura; han existido algunas cuantas excepciones, pero son eso: excepciones (aunque a muchos les encante convertir la excepción la regla la realidad es diferente).

Al ser los partidos la única opción viable para acceder a un cargo público, luego estos de convierten en los dueños de todas las llaves que permiten abrir las puertas a la participación política. Los dirigentes de los partidos son pues los cadeneros, gerentes, meseros, barman, dueños y hasta la seguridad de sus propios tugurios. Ellos deciden cuándo, donde, que y la cantidad que puedes consumir en su establecimiento; por supuesto que también eligen la cuenta a pagar por estar en su propiedad. La casa no pierde.

El mito que nuestra democracia es sólida porque tenemos partidos políticos que representan a diversas voces de la ciudadanía es poco menos que inocente. Nos quejamos de la “partidocracia” cuándo las cosas son peores. No vivimos en una partidocracia. Sería el menor de nuestros males. Vivimos la democracia de los caciques. Nuestras herramientas para acceder al poder no están en manos de partidos. Eso ya se perdió desde hace rato. Está en manos de unos cuantos truhanes que se quedaron con las franquicias.

Movimientos Ciudadano tiene casi 20 años en manos de Dante Delgado.  Él decide todo. No hay manera que nada se mueva sin que el señor así lo ordene. El Partido Verde está por las mismas. Esos tienen 25 años o más en manos de una sola familia. El control del partido rémora por excelencia pasó de Emilio González padre a Emilio González hijo (el famoso niño verde). Desde Cancún controla todo lo que se mueve en el reino verde. El PT vive desde los tiempos de Salinas bajó el férreo control de un oscuro señor de apellido Anaya. Sobresale muy poco, pero él manda. El PRD ya se murió, pero dos o tres chuchos eran los únicos que ladraban en ese tugurio. MORENA es el partido del cacique por excelencia.

Por su parte, el PRI siempre fue un partido de corrientes internas. Evidentemente mandaba el tlatoani en turno, pero era un mando rotativo. Ya no será así. A partir de hace unos días, el PRI ingresó al club de los caciques felices. Viendo el éxito que tuvieron sus colegas de otros partidos,  Alito Moreno decidió que era mejor controlar que “viriguar”.  Ya tenemos un nuevo miembro del club de los caciques. El PAN está muy cerca de seguir los pasos de su más reciente compañero de parrandas. Marko quiere controlar los restos del naufragio.

Las mujeres tampoco han estado alejadas de los afanes caciquiles. La maestra Elba Esther fundó no uno, sino dos partidos (PANAL y RSP) bajo su cobijo. Ella era la mandamás sin reparo. Tampoco las congregaciones religiosas se salvan. En sus dos intentos de consolidar un partido, el señor Hugo Eric Flores apoyado por grupos Cristianos intentó recrear el sistema de control del resto de los partidos.

Una vez más, los mexicanos demostramos que la democracia no es lo nuestro. Nacimos para servir caciques. Muchos dirán que eso es una falsedad. Qué los partidos políticos no nos representan y no somos así. Ante ese argumento puedo contestar que nuestras formas de política indican que estamos perfectamente cómodos que una bola de bandidos se apodere de nuestra democracia. En países con participación ciudadana alta jamás hubieran permitido que sus propios partidos se convirtieran en los mayores obstáculos para acceder a cargos públicos. En México no hicimos nada para que unos cuantos se quedaran con el control total de la política. No pasa nada si reconocemos que los liderazgos colectivos son para otras culturas. Aquí amamos las pirámides verdaderas y las políticas.

Desde la oposición o desde el poder habrá que acostumbrarnos a rendir culto a los caciques dueños de nuestra democracia para que nos dejen participar. Los famosos consejos, asambleas, comités partidistas no son otra cosa que los séquitos de las diligencias. Son meras comparsas de las decisiones de unos ambiciosos. Eso somos y eso nos gusta.

¿Usted qué opina, amable lector? ¿Qué cacique le gusta más?

Fuente: Internet

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Juan Ordorica

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