Guasave, Sinaloa. “Si Dios nos escogió fue por algo”, es la expresión de la mamá de un niño con Trastorno del Espectro Autista, al compartir su experiencia como cuidadora de un paciente diagnosticado con esta condición.
María José, madre de una niña de 6 años, relató que durante los primeros meses de nacida no le habían detectado nada a su bebé; sin embargo, llegó un tiempo determinado cuando la pequeña dejó de responder a los llamados, evitaba el contacto visual o no mostraba emoción particular. Además, su comunicación verbal llegó muy tarde.
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Compartió el proceso tan difícil por el que tuvo que pasar, pues la falta de conocimiento en el tema no ayudaba mucho. Comenzaron a asistir con especialistas y entonces vino el diagnóstico de la menor. Fue en ese momento que la madre decidió llevarla a terapia de lenguaje, por lo que hizo un llamado a madres que pasan por una experiencia similar a no decaer en el ánimo.
“Hoy quiero decir que no se sientan tristes, o si no se ven convencidos, ustedes busquen siempre la salida, información. “Si Dios nos escogió fue por algo y es muy difícil como mamá, porque pues quieres ver a tu hijo bien, ¿verdad?, pero si Dios te escogió, pienso que es por algo, entonces tú demuestra que puedes”, expresó.
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Hoy, la niña cuenta con una inteligencia sin igual. Logra procesar números que las personas dirían que son impensables para su corta edad, contó su amada mamá, quien añadió las increíbles pinturas que la menor hace.
“Me quedo con la boca abierta porque cómo puede llegar a tanto su inteligencia”, dijo.

María José, Sofía y Teresa tienen un tema en común: asisten normalmente a terapia con sus hijos y la experiencia en su comportamiento las ha marcado.
Por otro lado, está el caso de Sofia, madre de un niño de la misma edad, quien de bebé tenía un desarrollo neurológico normal; sin embargo, fue al cumplir un año y ocho meses que empezó a presentar un retroceso, con frases acortadas, una falta de balbuceo y el contacto visual desapareció.
“No hubo manera de que él nos volteara a ver, aunque le llamáramos por su nombre”, dijo.
El menor comenzó a presentar actitudes poco comunes, como llevar sus juguetes a una esquina y devolverlos al otro extremo de la habitación, manteniendo esas acciones de forma constante.
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Fue cuando decidieron buscar apoyo y se hizo el diagnóstico de TEA y TDAH en el Centro de Autismo, donde lleva una rutina de terapias cada 15 días.
Finalmente, está Teresa, madre de un niño de 10 años diagnosticado con Trastorno del Espectro Autista, que, al igual que las dos anteriores, evidenció la falta de contacto visual y comportamientos poco comunes como signos tempranos de la condición.
Fue hasta los 2 años, cuando entró a la guardería, que reportaron un problema del lenguaje del menor, pues no formulaba ninguna palabra ni había aprendido a caminar.
“Yo decía: ‘Algo no está bien’”, dijo.
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Sin embargo, el padre del niño vivía en un estado de negación, pues decía que Teresa exageraba la situación. Asimismo, la abuela también negaba su condición. Aun así, por recomendación de la guardería, decidió meterlo a terapia por su propia cuenta, según compartió a Línea Directa.
“Pues era yo sola con mi niño”, lamentó la mujer.
El pequeño finalmente fue diagnosticado con TEA y, actualmente, gracias a las terapias, pudo tener un mejor desarrollo neurológico y social.
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