Guasave, Sinaloa. La posible relación entre el uso de agroquímicos, la contaminación ambiental y el incremento de trastornos del neurodesarrollo, como el espectro autista, es un tema que ha cobrado relevancia en el debate público en Sinaloa; sin embargo, especialistas advierten que persiste una amplia desinformación y una carencia de estudios científicos locales que permitan establecer conclusiones contundentes.
El neurocirujano de Los Mochis, Manuel Gracia Sotelo, quien ha dedicado parte de su desempeño profesional a la investigación de este tipo de padecimientos, dijo que la toxicidad ambiental en regiones agrícolas del estado no es un fenómeno nuevo. Desde hace al menos tres décadas se ha hablado de los efectos de los agroquímicos en la salud humana en el caso de Sinaloa, no solo a nivel cerebral, sino en múltiples sistemas del organismo. No obstante, el interés reciente se ha intensificado debido a que la neurodivergencia y el espectro autista han ganado mayor visibilidad social y mediática, abordados actualmente desde disciplinas como la psicología, el trabajo social, la neurología y el ámbito educativo.
“La toxicidad o neurotoxicidad en la región es viejísimo, los problemas que se ocasionan en todo el organismo, no nada más en el cerebro, yo plantearía en concreto que el espectro autista, la mayoría de las veces es resultado de un trastorno de neurodesarrollo, se genera dentro de la matriz porque el cerebro de alguna forma se afectó y ahí es donde entra que si fumaba la mamá, que si tomaba mucho el papá, las adicciones, los agroquímicos, etcétera”, dijo el especialista en neurología.
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Este proceso inicia desde etapas muy tempranas del embarazo —alrededor del día 18 de gestación, cuando comienza la formación del sistema nervioso— y se extiende hasta la adultez temprana, cuando el cerebro concluye su maduración. Por ello, se considera que muchas alteraciones asociadas al autismo se originan dentro del vientre materno, a partir de factores que afectan el desarrollo cerebral durante el embarazo.
Entre los posibles elementos de riesgo se mencionan el consumo de tabaco, alcohol y otras adicciones por parte de los padres, la exposición a agroquímicos, la contaminación del aire y diversos factores ambientales y genéticos. Sin embargo, los especialistas aclaran que, aunque existen hipótesis y opiniones, actualmente no hay en Sinaloa estudios científicos específicos que demuestren de manera directa y con evidencia clínica que los agroquímicos sean la causa del espectro autista.
En el ámbito académico, apenas se cuenta con antecedentes limitados, como un estudio antiguo realizado en Culiacán que abordó el estrés oxidativo y sus efectos en distintos sistemas del cuerpo, pero que no se enfocó de manera específica en el autismo. Para los especialistas, establecer una relación causal exige investigaciones integrales que consideren la historia clínica del paciente, los antecedentes familiares, los lugares de residencia, el nivel real de exposición a contaminantes y, posteriormente, la comprobación científica mediante biomarcadores neurológicos y otras herramientas clínicas avanzadas.
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A nivel internacional, estudios como Air Pollution Harms the Brain han documentado con evidencia que la contaminación atmosférica puede estar asociada a trastornos del neurodesarrollo y a enfermedades del sistema nervioso como esclerosis múltiple, esquizofrenia y depresión severa. No obstante, trasladar estos hallazgos al contexto local requiere investigaciones propias, adaptadas a las condiciones ambientales y sociales de Sinaloa.
Respecto a la percepción de un aumento de casos de autismo, los especialistas consideran que no es posible afirmar que exista un incremento drástico. Señalan que, en el pasado, muchos casos no eran diagnosticados oportunamente o permanecían fuera del sistema de atención médica, además de que el crecimiento poblacional influye en la percepción de una mayor incidencia, aun cuando el porcentaje relativo pudiera ser similar al de décadas anteriores.
Finalmente, el experto coincidió en que el debate sobre agroquímicos y salud debe avanzar hacia estudios científicos sólidos, con la participación conjunta de investigadores ambientales, de Ciidir y clínicos, que permitan demostrar con rigor si existe una relación directa entre estos factores y los trastornos del neurodesarrollo. Sin evidencia concluyente, advierten que cualquier afirmación categórica puede contribuir a la desinformación, sin sustento científico.