Guasave, Sin.- Con la fe puesta en el Cristo de los pescadores, un pequeño símbolo colocado en las escolleras de Bellavista que parece dar protección a los que madrugan para aventurarse en la profundidad del mar, así salieron trabajadores de Boca del Río este lunes 29 de septiembre en el inicio de la temporada camaronera en altamar.
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La madrugada los acogió; zarparon hacia aguas profundas en busca del “oro azul”, ese tesoro que se ha “escondido” en los últimos años y que los obliga a atravesar la boca-barra más riesgosa del país, por la captura.
“Libre el mar, libre”, se escucha en la brisa mientras las primeras pangas avanzaban tímidamente hacia el horizonte. A diferencia de otros años, la escena es distinta: pocas embarcaciones se reunieron en la barra de Escolleras, donde en temporadas pasadas se observaban decenas, incluso centenares de pangas aguardando el momento oportuno para salir.
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La atmósfera era solemne. Frente a ellos, el Cristo que resguarda la entrada al mar parecía acompañar cada paso de los hombres que arriesgan su vida para conseguir el alimento diario.
“Que la bendición de Dios lo ayude, para que lleven el sustento a sus familias. Poco a poco empiezan. Esperemos y sea una buena temporada ”, se escuchó en medio del murmullo de motores y el vaivén de las olas que, en esta ocasión, fueron benevolentes.
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El arranque de temporada no es solo un acto económico, sino también espiritual. Los pescadores saben que dependen tanto de la naturaleza como de la fuerza de su fe. “Dios los bendiga” se repetía entre ellos, como un rezo colectivo, mientras una a una las pangas se adentraban al mar.
La barra de Bellavista, conocida por ser una de las más peligrosas, mostró calma en esta jornada. El mar, bondadoso por instantes, permitió a los pescadores cruzar sin grandes dificultades, un respiro frente a los riesgos que habitualmente enfrentan en esta peligrosa salida.
Desde la orilla, familiares, curiosos y otros compañeros del mar siguieron con la vista las embarcaciones hasta que se perdieron en el horizonte. La jornada apenas comienza, pero el anhelo es común: regresar con vida y con las pangas llenas, para que la pesca se convierta en esperanza y sustento.
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“Suerte para todos”, se escuchó al final de la grabación, como un deseo colectivo que resume la esencia de la jornada: fe, unidad y esperanza en un mar que, aunque libre, siempre impone respeto.