¿Soy una esponja emocional?

Hay personas que, por naturaleza, son muy sensibles y otras que en circunstancias se tornan altamente perceptivas y vulnerables. En cualquiera de los dos casos se produce un efecto que hace que se conduzcan como “esponjas emocionales”, es decir, como personas que absorben fácilmente las emociones de su entorno.

Aunque en algún momento el ser “esponjas emocionales” les da una cierta ventaja sobre los demás debido su alta capacidad de percepción, también es un punto que los lleva a sobrecargarse emocionalmente. Es por esto que no es raro que al final terminen sintiéndose extremadamente presionados y con un estrés constante, que resulta muy difícil de manejar.

Las personas que son “esponjas emocionales” al final sintiéndose agobiadas con mucha facilidad. Lo que en algún momento es una virtud, termina convirtiéndose en una carga. Desgraciadamente, también es muy frecuente que los demás las conviertan en sus depósitos de su propia sobrecarga, debido a su empatía y su receptividad.

Las personas que son “esponjas emocionales” presentan ciertas características que nos permiten identificarlas con mayor facilidad. En general, tienen un alto nivel de receptividad a la situación emocional de las demás personas en lo individual y del entorno grupal que las rodea.

¿Cómo puedo darme cuenta si soy una esponja emocional?

Las principales características de las esponjas emocionales son:

Son muy intuitivos.

No necesitan que nadie les diga cómo se sienten para darse cuenta si están bien o mal. Lo captan fácilmente.

Tienen empatía en exceso.

No solo son capaces de ponerse en el lugar de otros, sino que además lo hacen de forma extrema. Es decir que llegan a sentir como propias las emociones de los demás.

Se sienten responsables por el bienestar de los demás.

En particular, creen que deben ayudar a otros cuando se encuentran mal. Se sienten disgustados consigo mismos si no lo hacen.

Buscan soluciones para los problemas ajenos.

Su excesiva empatía y apropiación del dolor ajeno, los lleva a que inviertan buena parte de su tiempo en reflexionar sobre la forma de resolverle los problemas a otros.

Son sobrepasados por las emociones de otros.

Para las personas “esponjas emocionales” es muy difícil sentirse si conocen el sufrimiento de otro. Literalmente, se apropian de esas emociones negativas.

Atraen a personas tóxicas.

Es fácil que terminen rodeadas de personas llenas de problemas, o de quienes buscan explotar emocionalmente a los demás.

Priorizan a los demás.

Estas personas actúan como si hubiera un mandato que los lleva a menoscabar su propio bienestar, en función del bienestar de otros.

Las personas “esponjas emocionales” llegan a dañarse a sí mismas, por su alto grado de sensibilidad, empatía y solidaridad. Es muy probable que desde muy pequeños se hayan acostumbrado a cargar con los problemas de otros, incluso con las cargas sus propios padres. Se les exige que comprendan y ayuden, simplemente porque tienen la facilidad y la disposición para hacerlo.

Lo grave es que, sin notarlo, las personas que son esponjas emocinales, terminan olvidándose de sí mismas.

Es por esto que, la extrema sensibilidad y la enorme empatía les lleva a adoptar la función de “reguladores emocionales”. El costo de esto puede ser muy alto, porque pueden llegar a un punto en que se hagan invisibles para sí mismos, convirtiéndose en víctimas potenciales de abusos emocionales por parte de otras personas.

Una persona con alta sensibilidad puede llegar a desvanecer su propia identidad precisamente por la gran influencia que ejercen otros en sus emociones.

¿Cómo puedo dejar de ser una esponja emocional?

En primer lugar, lo que una persona “esponja emocional” puede hacer es hacer conciencia y darse cuenta de lo expuesta que está a ser víctima de conductas tóxicas. Después, es necesario aprender a gestionar el sentimiento de culpa, digiriéndolo e impidiendo que este sea el controle sus actos.

Como parte de la solución es importante aprender a poner en valor los propios sentimientos y emociones para poder poner límites donde sea necesario.

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Juan José Díaz

Psicólogo y psicoterapeuta

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