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En un contexto de violencia que parece no tener fin, es fácil caer en la percepción de que Sinaloa está atrapado en un ciclo interminable. Sin...

Analista y columnista Línea Directa.
Juan Ordorica. | Analista y columnista Línea Directa.

En un contexto de violencia que parece no tener fin, es fácil caer en la percepción de que Sinaloa está atrapado en un ciclo interminable. Sin embargo, en medio de esta vorágine de incertidumbre, vale la pena detenernos a escuchar las voces de líderes sociales, empresariales, políticos y académicos que, con perspectivas diversas, esbozan un horizonte de esperanza para los próximos cinco años. Sus visiones, a veces coincidentes y otras divergentes, invitan a reflexionar sobre el rumbo que nuestro estado puede tomar.

Javier Llausás: el deporte como motor de inclusión

Javier Llausás, empresario comprometido con el presente y el futuro de Sinaloa, ha destacado por su participación activa en asociaciones civiles, ya sea como fundador o como miembro. Su propuesta de utilizar el deporte no solo como herramienta de cohesión social, sino también como un pilar para el desarrollo económico, resulta particularmente inspiradora. Desde su iniciativa más reciente, Construyendo Paz, Llausás propone un modelo de inclusión social basado en la experiencia de Medellín, Colombia, donde la inversión en comunidades marginadas transformó la dinámica de la ciudad. Para él, es fundamental priorizar las zonas olvidadas de nuestras urbes y ofrecer alternativas de desarrollo a sectores vulnerables, especialmente a los jóvenes en riesgo. Su visión es clara: sin inclusión, no hay futuro sostenible.

Enrique Inzunza: desde la periferia hacia el centro

En el ámbito político, el senador Enrique Inzunza ofrece una perspectiva que complementa la de Llausás. Más allá de las coyunturas electorales, Inzunza apuesta por un desarrollo social que comience desde la periferia hacia los centros urbanos. Según el senador, Sinaloa tiene una deuda histórica con sus comunidades rurales, donde la falta de espacios públicos, como parques y campos deportivos, limita las oportunidades de esparcimiento y convivencia. Estas carencias, sostiene, deben ser una prioridad para los gobiernos, pues son clave para fomentar la paz en regiones donde las alternativas de progreso son escasas. Su propuesta invita a imaginar un estado donde las comunidades más apartadas sean el punto de partida para un cambio estructural.

Iliana Padilla: el diálogo como base de una nueva identidad

Desde la academia, Iliana Padilla plantea una tesis tan sencilla como poderosa: el futuro de Sinaloa debe construirse a través del diálogo. Para ella, es momento de dejar atrás narrativas polarizantes que dividen a la sociedad en “buenos” y “malos”. Este discurso, lejos de unir, refuerza el rechazo hacia ciertos sectores sociales. Padilla aboga por forjar una nueva identidad sinaloense que aprenda del pasado sin aferrarse a él, promoviendo la inclusión y la justicia social como ejes centrales. En sintonía con Llausás e Inzunza, subraya que la paz es inalcanzable sin un compromiso real con las comunidades marginadas, tanto urbanas como rurales.

Martha Reyes: reconstrucción económica para un futuro próspero

Por su parte, Martha Reyes, presidenta de COPARMEX, pone el foco en la economía. La violencia, señala, ha sido un obstáculo para la atracción de inversiones en Sinaloa, afectando el crecimiento y la generación de empleo. Según Reyes, recuperar los niveles económicos previos al conflicto podría tomar entre cinco y diez años, siempre y cuando los tres niveles de gobierno implementen un plan ambicioso de reconstrucción económica. Este plan, en su visión, debe no solo rescatar lo perdido, sino también abrir nuevas oportunidades para los miles de jóvenes que se incorporarán al mercado laboral en los próximos años. Su mensaje es claro: el desarrollo económico debe ir de la mano de la inclusión para garantizar un futuro equitativo.

A pesar de sus enfoques distintos, estas voces convergen en un diagnóstico común: Sinaloa necesita una reconstrucción que priorice la integración de los sectores históricamente marginados. Desde las comunidades urbanas olvidadas hasta las zonas rurales con escasas oportunidades, la inclusión social emerge como un pilar fundamental. Otro punto de coincidencia es la urgencia de fomentar el diálogo entre todos los sectores, dejando de lado las diferencias culturales, económicas y sociales que nos dividen. Cerrar estas brechas es el primer paso para sanar como sociedad.

El desafío es monumental. Pocos líderes tienen la capacidad de unificar a los más de tres millones de sinaloenses bajo una misma visión. Sin embargo, los liderazgos colectivos, surgidos desde la sociedad civil, la academia, la política y el sector empresarial, podrían ser la clave para construir algo nuevo, algo diferente. No se trata de volver al pasado, sino de edificar un Sinaloa que aprenda de sus errores y apueste por un futuro más justo y pacífico.

Y usted, ¿qué opina?

Amable lector, ¿cuál es su visión para Sinaloa en los próximos años? ¿Cómo imagina un estado que supere sus heridas y construya un futuro inclusivo? La palabra está en sus manos.

 

Fuente: Internet

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Juan Ordorica

Columnista

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