Cuando sea emperador de la galaxia (nunca lo seré), estará estrictamente prohibido colgar fotos del emperador en las oficinas de la burocracia galáctica. Es profundamente desagradable entrar a realizar trámites o visitar a un funcionario de medio pelo y toparse con la sonrisa burlona del gobernante en turno. En mi imperio galáctico, quedarán prohibidas las frases cursis y zalameras de los servidores del imperio. Los ciudadanos dejarán de escuchar en los discursos expresiones como “Por instrucciones del señor o señora gobernante…” o “Gracias a las gestiones de nuestro gobernante hemos podido…”.
El imperio es más grande que cualquier político; al político no se le mencionará, porque su obligación es entregar resultados, no recibir alabanzas como si fueran dádivas. En el mismo sentido, en el imperio de la galaxia quedarán prohibidas las inauguraciones y las ceremonias de primeras piedras. Las cosas se hacen o no se hacen.
En materia de seguridad, el imperio tendrá superpolicías equipados con la última tecnología en armamento y soporte técnico. Los policías del imperio serán intocables, protegidos por una legislación especial que los convertirá en guardianes incuestionables. No estará permitido ni siquiera mirarlos con desprecio. Serán pocos, pero gozarán de prestaciones superiores a las de un subsecretario. Los controles de ingreso serán rigurosos, y la supervisión de los reclutas galácticos estará a cargo de ciudadanos sin vínculos con el imperio. En contrapartida, los superpolicías que defrauden al imperio o a sus ciudadanos enfrentarán penas tres veces más severas que cualquier civil. Serán los ciudadanos, no la corporación policial, quienes evalúen el proceder de los agentes.
La salud pública del imperio empoderará al ciudadano. Cada habitante decidirá dónde atenderse. El imperio dejará de subsidiar salarios de burócratas de la salud para enfocarse en los pacientes. Se acabaron los asistentes de los asistentes. El imperio tendrá hospitales propios, pero la proporción entre burócratas y profesionales de la salud será distinta: más trabajadores de la salud y menos empleados de escritorio o ventanilla. Si un ciudadano opta por atenderse en el sector privado porque considera que los hospitales del imperio no son adecuados, el imperio cubrirá el equivalente al gasto de un hospital público. Todos competirán por ofrecer la mejor atención a los pacientes. Los medicamentos podrán recogerse en la farmacia más cercana al domicilio del ciudadano. Si el Dr. Simi puede hacerlo, el imperio también.
En educación, el enfoque será similar. El emperador pondrá a disposición escuelas públicas para todos, pero los ciudadanos podrán elegir dónde inscribirse. Si prefieren una escuela privada, recibirán el equivalente al subsidio por alumno de las escuelas públicas. Si una escuela pública no logra atraer suficientes alumnos, será cerrada, lo que demostrará que la gente no quiso inscribir a sus hijos ahí, obligándola a mejorar para evitar el cierre.
Los apoyos sociales galácticos serán herramientas para transformar vidas, no para mantener dependencias. Si, tras un tiempo razonable, un ciudadano no mejora su calidad de vida con un programa social, ese programa habrá fracasado. Los apoyos son plataformas de lanzamiento, no salas de espera eternas. Los ciudadanos de mayor edad del imperio mantendrán créditos galácticos de por vida, complementados con servicios de salud y movilidad de calidad.
La economía del imperio buscará construir una clase media aspiracional y pujante. Los emprendedores enfrentarán impuestos reducidos; el impuesto sobre la renta será menor, mientras que el IVA aumentará ligeramente. Los servidores públicos que logren incorporar a más informales a la formalidad recibirán bonos generosos. La innovación será premiada, no castigada, con menos cargas fiscales y laborales para quienes inviertan su dinero y talento.
Mi imperio galáctico es solo un sueño personal. Nadie vivirá en él porque existe solo en mi imaginación. Disfruto ser emperador de la galaxia en mis momentos de esparcimiento, imaginando que las cosas pueden ser diferentes en una galaxia muy, muy lejana. Lo invito a usted, amable lector, a convertirse en el emperador de su propio sueño galáctico.
¿Usted qué opina? ¿Qué tipo de imperio tendría bajo su mando?