Primero la salud, después el voto

Parece acertada la decisión de postergar el inicio del proceso electoral en Sinaloa por tres meses, de septiembre a diciembre, ante la emergencia sanitaria por el Covid-19.

Si, como lo dice la propia presidenta del Instituto Estatal Electoral de Sinaloa (IEES), Karla Peraza, esto incide en los tiempos para la instalación de los consejos electorales y generará un ahorro económico importante, pero no trastoca el calendario de registro de candidatos y sus tiempos de campaña, la medida tiene que ser positiva.

Además, no hay certeza sobre el comportamiento de los contagios con el virus en los próximos meses, y la protección a la salud de los ciudadanos debe ser en todo momento la prioridad.

Por la emergencia, los partidos y sus dirigentes deben ser responsables y muy generosos en sus posturas para establecer las reglas emergentes que permitan llegar a buenos acuerdos sobre el tema. En lo jurídico se deben buscar los caminos legales para no incurrir en situaciones irregulares.

¿Quién gana y quién pierde con todo esto? Creo que ganamos todos. Los órganos electorales habrán de optimizar tiempo y recursos para la organización del proceso, los partidos y sus cuadros podrán serenarse un poco más, y los ciudadanos no estaremos un periodo tan largo expuestos al bombardeo de la información política.

El mayor impacto será para el partido mayoritario en los municipios, en el legislativo y desde luego en el estado. Morena y PRI, respectivamente. Ante la pandemia, que aún no se alcanza a ver con certidumbre cómo se comportará en los próximos meses, las reacciones, buenas o malas, oportunas o a destiempo, de quienes son gobierno, estarán jugando en el 2021.

Los alcaldes y diputados locales de Sinaloa estarán cumpliendo, respectivamente, 2 años 7 meses y 2 años 8 meses en sus cargos el día de la elección.

La pregunta que los actores políticos deben hacerse es si para entonces los electores votarán igual que como lo hicieron en 2018, por ellos o por sus partidos.

Muchos así lo quisieran, pero las condiciones serán muy diferentes. Algunos no tienen ni la vocación ni la capacidad para el servicio público, con el agravante de las evidentes muestras de arrogancia que varios de ellos han mostrado.

Ahí se ubicarían el PRI y Morena, pero no esperen el resto de los partidos que los votos que ya no sean para aquellos, les llegarán en automático.

El PAN no acaba de salir del amodorramiento, está como desarticulado, y su postura como oposición no alcanza a convencer. Sigue pagando las facturas de aberrantes alianzas electorales y otras erróneas decisiones que le generaron la pérdida de identidad con su militancia y simpatizantes.

Está el PAS, que en las elecciones de 2016 tuvo un gran resultado y es el partido que se le mira más actividad, haya o no procesos electorales. Será una opción.

Está la carga de la emergencia sanitaria y sus repercusiones económicas, y también el hecho de que los ciudadanos ya habrán visto bastante cómo han actuado aquellos a los que hicieron ganar en 2018.

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