Ayer lunes 1ro de septiembre, la presidenta Claudia Sheinbaum entregó su Primer Informe de Gobierno al Congreso de la Unión. En materia económica el balance refleja un comportamiento inercial, de estabilidad y estancamiento, junto a una prolongada incertidumbre que ya nos está afectando como país. No estamos en una condición de crisis pero tampoco se tienen las mejores expectativas respecto al futuro inmediato.
Durante el 2025 la economía mexicana ha registrado condiciones de estabilidad. La tasa de inflación ha disminuido hasta un 3.5% y se ubica dentro de la meta establecida por el Banco de México. Sin duda, nuestra banca central autónoma está jugando un papel relevante. Desde marzo de 2024 comenzó a reducir la tasa de interés interbancaria, cuando alcanzó un nivel del 11.25 %, y para el pasado mes de agosto ya la había recortado a un 7.75 %. Las reservas internacionales también registran un importante saldo de 243 mil millones de dólares, lo cual fortalece la estabilidad cambiaria, donde el precio del dólar ha bajado a niveles de 18.7 pesos.
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Pero el gran lastre de nuestra economía sigue siendo estancamiento productivo, las mediocres tasas de crecimiento del PIB, el cual, al cierre del primer semestre de este año creció a una tasa anualizada del 0.6 %. Como país estamos peleados con el crecimiento. Este será el séptimo año donde la economía mexicana crece a un nivel promedio por debajo del 1 %. Para este 2025, la Comisión Económica para América Latina (Cepal) nos ubica dentro de los 3 países con menor crecimiento en el subcontinente. Por consideraciones ideológicas, la narrativa del oficialismo ha repetido, una y otra vez, durante el sexenio de AMLO y en este primer año de gestión de la presidenta Sheinbaum, que lo importante no es tanto crecer como si lo es avanzar en la distribución de la riqueza. Esto no es del todo válido. Hace unos días se informó que, durante los pasados seis años, 13.4 millones de mexicanos salieron de la pobreza. Con justa razón se celebró este importante logro, pero también se anunció y se habló muy poco, que 44 millones de connacionales no tienen acceso a los servicios de salud y que 34 millones de personas se encuentran en la informalidad, trabajando con salarios precarios y sin seguridad social.
Definitivamente, la incertidumbre económica es el principal signo de este año 2025. La disruptiva política comercial del presidente Trump, los elevados aranceles que ha establecido a las exportaciones de automóviles, autopartes, acero, aluminio, cobre, tomate, la prohibición a la exportación de ganado en pie, han creado un clima de dudas e inquietud generalizada en nuestro país. En los hechos, esta circunstancia ha dejado sin efecto el principio básico del TMEC, el cual, se había sustentado en la regla de cero aranceles. El impacto está siendo muy fuerte y así, la inversión privada ha caído de manera sostenida durante los últimos 7 meses. Hace unos días, en Palacio Nacional se informaba de un nivel récord de inversión extranjera directa para el cierre del primer semestre, pero no se enfatizó que solamente un 4% fueron por el concepto de nuevas inversiones. Esto significa que no están llegando nuevas empresas extranjeras a México y que la ventana del nearshoring continúa casi cerrada, dada la enorme incertidumbre que prevalece.
Cierto, estamos bien porque tenemos condiciones de estabilidad. Pero no podemos mejorar y avanzar más rápido porque persiste el prolongado estancamiento de nuestra economía; junto a una dañina incertidumbre que mantiene paralizada la inversión productiva y la generación de empleo formal.