Se avecina una tormenta en el futbol mexicano, pero sus nubes no vienen cargadas de agua y viento, sino de posibles represalias que podría afectar seriamente este deporte en el rubro profesional, como consecuencia de un reclamo que hacen los clubes de la categoría inferior que se han desesperado por el incumplimiento de restablecer el ascenso y descenso.
10 equipos redactaron y firmaron una carta que llegó a las oficinas del TAS (Tribunal de Arbitraje Deportivo) solicitando ayuda para que la Federación Mexicana de Futbol cumpla su palabra de reactivar el ascenso, pero tal vez lo único que encontrarán sería una venganza, que es lo más probable, sabiendo cómo se han agrupado los directivos del máximo circuito para defender sus intereses.
¿Qué motivación tienen los clubes de la Liga de Expansión jugar torneo tras torneo, cuando el premio es solo un trofeo y una aportación económica como consolación? Mantenerla en ese estado tiene un solo sentido: llevarla a su desaparición, tal y como ha sucedido con algunas franquicias que se han alejado desde que en el 2019 les cerraron las puertas para aspirar a subir de categoría.
A todos los equipos los “tranquilizaron” con una promesa más falsa que un billete de dos pesos. Ya transcurrieron los seis años que la máxima división solicitó como paciencia, y la inobservancia los ha obligado a reaccionar brincándose “las trancas” corriendo el riesgo hasta de una desafiliación.
¿Cuál será la respuesta de la FMF a este desesperado reclamo? ¿Qué pasará si el TAS decide apoyar a la Liga MX y no a los quejosos? Por eso digo que esa situación podría mover los cimientos de una estructura que ya acusa fisuras generadas por la mediocridad con la que actúan algunos equipos sabiéndose protegidos por ese acuerdo de mantener su categoría pese a su irregular desempeño en la cancha.
Los candados o exigencias que pusieron a quienes buscan ascender son irónicas. Le dieron la espalda a la famosa certificación de al menos cuatro equipos que serían los únicos con derecho de escalar en tanto el resto no siga esas indicaciones. Les piden también tener escenarios con capacidad mínima para 20 mil espectadores, cuando a los Bravos de Juárez se les permite jugar en un estadio que alberga máximo 15 mil personas.
La Universidad de Guadalajara tiene como sede el estadio Jalisco, un escenario sobrado en la capacidad que exige la Federación, y aun así está siendo obligado a cumplir lo que parece ser más un capricho que otra cosa.
El final de esta telenovela podría terminar de dos formas: o cumplen la palabra de reactivar el ascenso, o los calman ampliando a dos plazas más en el máximo circuito, al que llegarían no por méritos propios, sino a base de billetazos como se estila en la Liga de los Estados Unidos. De suceder esto último, ¿estarían de acuerdo aquellos equipos que no cuentan con la certificación, y que son minoría?