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Llegaron las consecuencias

Los políticos del actual régimen se acostumbraron a soltar la lengua sin consecuencia alguna. Desde la presidenta de la Republica hasta el regidor del más pequeño...

Analista y columnista Línea Directa.
Juan Ordorica. | Analista y columnista Línea Directa.

Los políticos del actual régimen se acostumbraron a soltar la lengua sin consecuencia alguna. Desde la presidenta de la Republica hasta el regidor del más pequeño de los municipios del país desarrollaron la habilidad de decir tontería y media sin tener que pagar consecuencias por sus dichos.  Todo se les dejaba pasar sin importar el nivel de declaración en juego. Hasta que llegó la hora de asumir las consecuencias de sus palabras.

Por desgracia, los que las sufrirán no son ellos; es el pueblo. Irónicamente, el pueblo que dejaba pasar todas las tonterías de los políticos, hoy son los que tendrán que asumir el costo más alto de no haber educado de una mejor manera a sus representantes. No los enseñaron a moderarse. Hasta un niño de 5 años sabe que las acciones tienen una consecuencia, pero únicamente lo sabe cuando hay alguien quien se la aplica. Nuestros políticos parecen niños de 5 años sin padres que los reprendan; por eso tienen esas actitudes.

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Históricamente, los políticos mexicanos han recurrido a un lenguaje beligerante para proyectar fuerza, especialmente en temas sensibles como la relación con Estados Unidos. Desde los discursos antiimperialistas de la era posrevolucionaria hasta las críticas populistas de líderes modernos, las declaraciones altisonantes han sido una herramienta para consolidar apoyo interno, a menudo sin considerar las repercusiones externas. En el pasado, figuras como Luis Echeverría o José López Portillo apelaron al nacionalismo para desviar la atención de problemas internos, con resultados mixtos, pero raramente catastróficos debido a un contexto internacional menos interconectado. Sin embargo, en la era del T-MEC y la globalización, las palabras tienen un peso inmediato y tangible.

Con el actual régimen, esta tendencia se ha intensificado. La hegemonía del partido, que controla los tres poderes, ha reducido los contrapesos políticos que antes moderaban el discurso público. La falta de oposición efectiva y un entorno mediático polarizado han permitido que figuras como Noroña emitan declaraciones provocadoras sin temor a rendir cuentas. Sin embargo, el actual clima político, donde el discurso populista prima sobre la estrategia, ha llevado al régimen a subestimar las consecuencias de sus palabras, como se evidencia en los recientes eventos.

El llamado de Sheinbaum a movilizaciones en Estados Unidos, en respuesta a las políticas migratorias y comerciales de la administración de Donald Trump, no es solo un gesto de resistencia, sino una provocación que puede interpretarse como injerencia en los asuntos internos de un país que es el principal socio comercial de México y hogar de millones de mexicanos. Paralelamente, las burlas de Noroña en una conferencia de prensa hacia la propuesta de Schmitt de gravar las remesas han escalado el conflicto. Estas declaraciones pudieran provocar un aumento del impuesto del 3.5 % al 5 %, con amenazas de llegar al 20%. Una vez más, el político pagará muy poco las consecuencias de sus dichos. Los ingresos de Noroña no serán perjudicados por sus actitudes pendencieras. La carga de la consecuencia es para los migrantes y sus familias.

Las remesas, que en 2024 alcanzaron 64 mil millones de dólares según el Banco de México, son vitales para el 4% del PIB y el sustento de millones de familias en estados como Guanajuato, Michoacán y Oaxaca. Un impuesto del 5 % reduce el monto que llega a los hogares, afectando necesidades básicas. Por ejemplo, una remesa de 300 dólares perdería 15 dólares, y hasta 60 dólares si el gravamen sube al 20 %.

Desde el auge del populismo en el discurso político mexicano, figuras públicas han utilizado una retórica nacionalista y confrontacional para galvanizar a sus bases, a menudo sin medir el impacto de sus palabras en el ámbito internacional o en la economía nacional. Este patrón, arraigado en la falta de contrapesos políticos y en una cultura de impunidad discursiva, ha alcanzado un punto crítico con las recientes declaraciones de la presidenta

Las declaraciones de Sheinbaum y Noroña reflejan un patrón histórico de retórica sin consecuencias que hoy pone en riesgo la economía mexicana, las familias dependientes de remesas y la seguridad de los migrantes. El aumento del impuesto a las remesas y las tensiones por las movilizaciones son un recordatorio de que las palabras tienen peso en un mundo interconectado. El régimen debe aprender que el liderazgo no se mide por la audacia de las declaraciones, sino por la inteligencia de las acciones.

¿Usted qué opina amable lector? ¿Quién asume las consecuencias por nuestros políticos?

 

 

Fuente: Internet

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Juan Ordorica

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