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Guerra sin fin: ¿a quién beneficia?

En Sinaloa llevamos casi un año atrapados en una guerra que no cesa. Los enfrentamientos, operativos, retenes y asesinatos, se han vuelto parte del paisaje diario....

Víctor Torres
Foto: Línea Directa. | Director General de Línea Directa, Víctor Torres.

En Sinaloa llevamos casi un año atrapados en una guerra que no cesa. Los enfrentamientos, operativos, retenes y asesinatos, se han vuelto parte del paisaje diario. Pero lo más grave es que nadie sabe por qué no termina. Pareciera que, en lugar de avanzar hacia la paz, cada día se profundiza el conflicto.

Más allá del drama humano —que es el más doloroso—, hay una pregunta que incomoda y no se puede seguir evadiendo: ¿quién gana con esta prolongada pugna criminal?

Está claro que si la violencia persiste, si los operativos se multiplican y los grupos criminales se reorganizan una y otra vez, es porque alguien, en alguna parte, está ganando con esto.

La lógica del conflicto no solo se sostiene por el narcotráfico en sí, sino por todo lo que lo rodea: armas, inteligencia, tecnología, infraestructura, viáticos, sueldos, combustible, helicópteros, blindajes, contratos, seguros. Es dinero. Mucho dinero.

¿Quién vende las armas que se decomisan semana tras semana? ¿Quién autoriza las partidas extraordinarias para los operativos? ¿Cuánto cuesta mantener aquí a miles de elementos del Ejército, la Marina, la Guardia Nacional, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana?

Y más importante aún: ¿quién controla ese gasto?

Tal vez no todos los mandos, pero sí algunos —de uniforme o de escritorio— saben que esta guerra es negocio. Mientras se mantenga la narrativa del combate al crimen, los recursos seguirán fluyendo.

Mientras la población esté asustada, callada o resignada, los recursos para la guerra seguirán fluyendo. Que mientras la violencia no estalle demasiado, pero tampoco desaparezca, todo sigue “bajo control”.

Y mientras tanto, miles de familias viven en la zozobra.

Comerciantes, agricultores, transportistas, estudiantes… Todos intentando hacer su vida entre retenes, balaceras y funerales. Pagamos el costo humano y social, pero también el económico.

No lo olvidemos: el presupuesto que se gasta en esta guerra es dinero público. Sale de los impuestos, de los recortes a otros programas, de los proyectos que no llegan. Y, sin embargo, nadie rinde cuentas. Nadie dice cuánto ha costado. Nadie explica por qué no hay resultados duraderos.

Nadie quiere hablar de la sospecha de que esta guerra conviene solo a algunos.

Tal vez no lo digan en voz alta, pero la realidad revela lo contrario: hay quienes viven —y bien— de que esto no se acabe.

Y mientras no se rompa ese ciclo de intereses ocultos, la paz seguirá siendo un sueño, y la guerra, un negocio rentable.

Fuente: Internet

Fotografía de perfil de Víctor Torres

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