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Culiacán: el Ejército toma el mando

La llegada de fusileros paracaidistas a Culiacán no es cosa menor. Esta fuerza élite del Ejército solo se despliega cuando la situación es delicada y ya...

Víctor Torres, director general de Línea Directa
Línea Directa | Víctor Torres, director general de Línea Directa

La llegada de fusileros paracaidistas a Culiacán no es cosa menor. Esta fuerza élite del Ejército solo se despliega cuando la situación es delicada y ya no basta con lo que hay en tierra. No vienen a reforzar: vienen a tomar el control.

¿Qué significa este movimiento del Gobierno Federal? Está claro: esto significa que la estrategia de seguridad ya no pasará por los mandos locales. Y eso no solo incluye a los mandos civiles, sino también a los mandos militares locales.

La decisión de enviar fusileros desde fuera implica que no hay plena confianza en la estructura que opera en Sinaloa, sin importar el uniforme.

No es casualidad que este movimiento ocurra justo al cumplirse un año de la captura de Ismael “El Mayo” Zambada en Estados Unidos. La presidenta Claudia Sheinbaum fue directa:

“La captura del Mayo tuvo consecuencias; pacificar Sinaloa será con estrategia y orden.”

Orden. Esa es la palabra clave.

Y en Sinaloa, imponer orden desde fuera no es una señal cualquiera: es una forma de marcar que ya no se va a tolerar ambigüedad ni dobles lealtades en el terreno.

Usted ya habrá notado cambios visibles en las calles de Culiacán. Se ha incrementado la presencia de elementos del Ejército, Guardia Nacional y fuerzas especiales. Los operativos son más frecuentes, más directos y más extensos. El despliegue actual tiene otro tono: no sólo hay más uniformes, hay una estructura de mando militar mucho más clara.

Es importante decirlo: el gobernador Rubén Rocha Moya y el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez, han entregado el mando operativo de las policías estatal y municipal a perfiles militares, en una señal de colaboración con la Federación.

La presidenta Sheinbaum, por su parte, ha expresado todo su respaldo a Rocha, con quien mantiene una relación de respeto institucional. El objetivo es poner fin a la narcoviolencia que sigue golpeando al estado.

Aquí no hay confrontación. Pero la llegada de los fusileros marca un paso más allá: ya no se trata de coordinar, sino de actuar directamente.

El mensaje no es solo para el crimen organizado. También es para quienes, dentro de las instituciones —civiles o militares, estatales o municipales—, han sido permisivos, omisos o cómplices.

Estamos ante un cambio silencioso, pero profundo, en el control de la seguridad en Sinaloa.

Ya no se está esperando a que funcionen las estructuras locales. Ahora las decisiones bajan directas desde la Presidencia y el alto mando del Ejército.

Los fusileros no solo patrullan. Ejercen autoridad.

Y el mensaje es directo, sin escalas.

Fuente: Internet

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Víctor Torres

Columnista

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