En el breve espacio de un mes y por segunda ocasión consecutiva, en México nos libramos, momentáneamente, de la aplicación de los aranceles anunciados por el Presidente Trump. El pasado jueves 6 de marzo se estableció otra suspensión temporal de los aranceles de 25% para todas las exportaciones mexicanas. Es un alivio, sin duda.
La semana pasada, las políticas proteccionistas de Trump se enfrentaron a un duro golpe de realidad que lo ha frenado. Ese contundente golpe de realidad se llama dinero. A partir del 4 de marzo, los principales índices de la Bolsa de Valores de Wall Street se desplomaron, varios días consecutivos, por el temor de que los aranceles a México y Canadá generarán una recesión económica, prácticamente autoinfligida. Disminuyó el valor de las acciones de las grandes empresas tecnológicas, que son las principales aliadas del presidente estadounidense. Dada la extendida cultura de inversión que caracteriza a la enorme población de aquel país, decenas de millones de personas y familias que tienen sus ahorros en el mercado accionario, percibieron una pérdida de su riqueza patrimonial.
La incertidumbre se concentró en un sector. México es uno de los 7 países más importantes del mundo en materia automotriz. Las exportaciones de este sector hacia Estados Unidos suman al año 170 mil millones de dólares. Sin duda, este es una de las actividades que más se afectarían con los aranceles del 25%. Después de 30 años de libre comercio, esta manufactura registra fuertes niveles de integración regional. Por las disposiciones establecidas en el T-MEC, el 75% del valor de un automóvil fabricado en América del Norte debe contener partes y componentes producidos en las tres naciones: México, Canadá y Estados Unidos. A nivel de logística, gran parte de los componentes que se requieren para ensamblar un automóvil en nuestro territorio tienen que entrar y salir por las aduanas hasta 8 veces, como parte de una cadena de valor sumamente integrada. En el vecino país se evaluó que si los aranceles cobraban vigencia, los precios de los automóviles para los consumidores estadounidenses subirían significativamente. Ante este escenario tan adverso, los CEO´s de las empresas Ford, General Motors y Stellantis, solicitaron a la Casa Blanca la suspensión urgente de los aranceles. El presidente Trump los suspendió
En estos días, en este segundo mandato del presidente Trump ya se advierte que no resultará nada fácil la imposición de aranceles y dictar una política proteccionista global. La realidad económica ya impone frenos a la política de la Casa Blanca. Estados Unidos es el principal mercado del mundo, el país que más bienes y servicios importa a nivel global. Fijar altos aranceles a todos los países generará un menor volumen de comercio internacional, un menor crecimiento mundial, mayor inflación para los consumidores estadounidenses, también mayores costos y menor rentabilidad para las grandes empresas de esa nación.
En México tenemos que reaccionar y fortalecernos. Esto ya lo vivimos con Trump y AMLO, en el 2019. Ahora se presenta, se repite de nuevo en 2025, con Trump 2.0 y Claudia Sheinbaum. Es la típica sensación de un déjá vu, que juega en nuestra contra.