Bájenle, jovencitos

Tiempo de opinión

Periodista sinaloense con más de 30 años de experiencia en medios escritos y electrónicos. Editorialista de Línea Directa, escribe la columna Tiempo de Opinión y conduce El Cerrojo de Línea Directa en su emisión Guasave.

Ante el alarde que hacen de su ignorancia y soberbia, vale la pena recordarles a muchos jóvenes, y otros no tan jóvenes, montados en la Cuarta Transformación que creen que la lucha democrática que finalmente llevó al poder a AMLO inició cuando ellos se incorporaron al movimiento, que antes de que eso sucediera, ya muchos mexicanos daban habían dado mil batallas por esa causa.

A pesar de que la historia es en ocasiones injusta y omisa y no los cuenta, ni muchos compañeros de izquierda los recuerdan, o por conveniencia prefieren ignorarlos, en esta lucha se han tenido muchos perseguidos, encarcelados, muertos, jóvenes que han entregado su vida por un cambio de régimen, víctimas por una parte de su valor y osadía y por otra de la bestial represión del sistema.

Muchos casos de esos hemos tenido en Sinaloa. Les comparto hoy solo uno como botón de muestra, el de un joven que ofrendó su vida a esa lucha, y que se mantiene como otros en el olvido.

Tras la elección de 1988 en la que se definió ganador Carlos Salinas de Gortari mediante un presunto fraude a Cuauhtémoc Cárdenas impulsado por el bloque de izquierda integrado por el Frente Democrático Nacional, un joven guasavense inquieto, arrojado, militante de izquierda, idealista e ilusionado con un México diferente, se unió a la lucha nacional de protesta.

Fue asesinado en 1989 ya con Salinas en la presidencia de la república. Una bala en el pecho salida del arma de un soldado durante una manifestación en una carretera en el centro del país. Tal era la capacidad de reacción del régimen, que en menos de tres horas del asesinato estaban miembros de la Policía Militar en mi casa. Juvenal era buen amigo y debatíamos con frecuencia sobre política, con sus coincidencias y divergencias, por lo que al revisar su cadáver encontraron dentro de sus pertenencias mi nombre y número de teléfono y de inmediato me buscaron. Casi dos horas de interrogatorio escudriñando todo de la víctima, su familia y su círculo de amigos.

Es el coraje que se provoca cuando dentro de las incongruencias del movimiento que genera el cambio de régimen se redime al principal verdugo del fraude, Manuel Bartlet, y se olvida al que perdió la vida protestando por el ultraje, a quien ni se le recuerda ni se le ha rendido homenaje alguno.

Eso era ser de izquierda y parte de la lucha por un cambio entonces. Hoy es la posibilidad de acceder a cargos públicos y millones de pesos del presupuesto a través de partidos políticos.

No pocos viejos izquierdistas se desgarran ahora sus vestiduras para hacer relevante su militancia desde antaño como llave de acceso al poder, mientras que muchos jóvenes petulantes en su desconocimiento se asumen como pilares de un movimiento e infaltables piezas del cambio.

Y sí, cada luchador cuenta. Pero que no les gane la petulancia que los hace descalificar hasta a quienes mucho más que ellos han dado a esta lucha. Como ellos los jóvenes dicen: Bájenle unas tres rayitas. Que sean contestatarios, sí, intolerantes con la injusticia, pero bien pueden empezar a estudiar algo de historia y a privilegiar la sencillez y la mesura, para que sepan que cuando ellos empezaron a entender lo que es la lucha, ya muchos habían estado allí, y no pocos habían dejado en ella lo más valioso, su vida.

Si hoy tenemos esos jóvenes fanfarrones, petulantes y engreídos montados ya en la llamada Cuarta Transformación, mañana los tendremos como políticos con esas mismas características, y eso no es bueno para el país.

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