México. El acceso a una vivienda con mejores condiciones dejó de ser un objetivo lejano para miles de trabajadores. El Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) amplió las alternativas de financiamiento al permitir que dos personas sumen sus créditos para adquirir una casa nueva o usada, sin que sea obligatorio mantener un vínculo matrimonial.
La modalidad, conocida como Unamos Créditos, permite combinar el monto del financiamiento con un familiar directo —padres, hijos o hermanos—, con la pareja o incluso con un corresidente amigo. Esta suma de recursos abre la puerta a inmuebles de mayor valor, mejor ubicados y con mayor acceso a servicios, lo que representa una ventaja importante frente a la compra individual.
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El trámite es completamente digital y está diseñado para ser accesible. Ambos solicitantes deben contar con relación laboral vigente y alcanzar la puntuación mínima requerida. Desde Mi Cuenta Infonavit, en la sección “Mi perfil”, es posible asociar el Número de Seguridad Social (NSS) de la otra persona y posteriormente iniciar la precalificación en “Tramitar mi crédito”.
Al concretar la operación, la vivienda se adquiere bajo el esquema de copropiedad. Esto significa que ambas personas son dueñas del inmueble en proporción al monto de su crédito y comparten tanto los derechos como las responsabilidades que implica ser propietarios.
Copropiedad: derechos y obligaciones que no deben pasarse por alto
Antes de firmar la compra, Infonavit recomienda consultar con el notario de confianza para entender a fondo el concepto de copropiedad. Quienes opten por este esquema deberán asumir conjuntamente el mantenimiento del inmueble, dividir el pago del predial, agua y servicios, y acordar cualquier mejora, ya que ninguna modificación puede realizarse sin el consentimiento de ambas partes.
¿Qué implica compartir un crédito y una vivienda?
Compartir un crédito no sólo permite acceder a una mejor vivienda, también exige claridad en los compromisos que se adquieren desde el primer día.
En la práctica, ambos copropietarios asumen la responsabilidad legal y financiera del inmueble, comparten gastos y decisiones, y se convierten en dueños en partes proporcionales, por lo que la comunicación y los acuerdos previos resultan clave para que esta opción represente una verdadera mejora en su patrimonio.