Guasave, Sin.- Una condena de 10 años en el penal de Los Mochis le ha saldado la deuda con la sociedad, no le apena decirlo, pero si hubiera que suplicarle perdón a alguien, lo haría.
Así lo precisa el padre de María, la pequeña que pretendía pedirle una beca a Andrés Manuel López Obrador el pasado domingo. La voz se le entrecorta de vez en vez, aunque no le importa que quienes pasan lo escuchen y sepan que estuvo preso.
“No quiero que se me olvide”, justifica, cuando reconoce que a diario se lo repite porque su pasado es la principal arma que tiene para no volver a caer.
“Se me hace un nudo en la garganta y no me da vergüenza, yo era una persona prepotente. Yo ahora estoy con la frente en algo, pienso que ya le pagué a la sociedad, nosotros somos la escoria, los de adentro somos lo más vil y yo lo estoy sufriendo ahorita”, expresó.
La vida es dura dentro de cuatro paredes de una celda, asegura, para la sociedad están etiquetados, pero la experiencia le ha cambiado la vida, a sus 28 años no quiere volver a su ambiente, ya no es el joven altanero en el que se había convertido apenas a sus 20 años que fue tomado preso.
El padre de María tiene dos meses buscando de manera incansable un empleo, no lo ha conseguido, basta tan sólo que le pidan la carta de no antecedentes penales para que no regrese. Está consciente de sus limitaciones pero anhela encontrar un trabajo para darle seguridad social a su hija.
[facebook_container code=’‘]