Culiacán, Sin. En un salón lleno de miradas atentas en el Tecnológico de Monterrey, este miércoles 03 de diciembre de 2025 se llevó a cabo el conversatorio “Voces Visibles”, un espacio donde mujeres diversas compartieron sus historias de vida, esas que por años fueron silenciadas en sus comunidades, en sus familias e incluso dentro de sí mismas.
La primera en tomar el micrófono en el marco de los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género fue Samantha Arellanes Balderas, mujer trans que creció entre el machismo de un padre músico y la estricta religiosidad de una madre testigo de Jehová.
Entre sus recuerdos está que a los cuatro años vio a una artista en televisión y quería ser como ella, pero no pudo ser esa mujer que aspiraba, hasta hace siete años que su mamá murió.
Te sugerimos: Aprueban en comisiones mecanismos para eliminar brecha salarial entre hombres y mujeres en Sinaloa
“Para mí el ser mujer es una construcción, yo nací en un cuerpo de hombre, pero eso, no limita que hoy yo allá construido la mujer tan feliz qué soy. Yo tengo 50 años de edad, yo a los 4 años de edad vi a una artista en televisión y yo quería ser como ella, pero yo no sabía que ella no tenía pené ni que a mí no me iban a crecer las bubis”, dijo.
Durante su participación, contó también su paso por el servicio público, donde enfrentó discriminación tan cotidiana como devastadora: compañeras que no la dejaban usar el baño, comentarios que negaban su identidad, dudas sobre su capacidad. Aun así, rompió barreras al convertirse en la primera mujer trans en ocupar un cargo municipal en la capital del país.
Para ella, las mujeres son todas las que se asumen como tal sin importar la identidad, pues el estado mexicano garantiza los mismos derechos.
La segunda historia nació en la sierra. Virginia Ibarra Rojas, quien es lesbiana, habló desde un origen distinto, pero igual de desafiante. Creció en un rancho, en Celestino Gasca, donde no sabía que las mujeres con esta preferencia existían.
“En la escuela a mí nunca me mencionaron que existían las mujeres lesbianas, entonces para mí reconocerme como una mujer lesbiana fue enseñarme o iba a aprender que sí existen las mujeres lesbianas. Yo tenía ocho años cuando estaba enamorada de mi mejor amiga, pero pensaba que era ese cariño de amistad y así lo dejé”, narró.
Lee ahora: Iglesia católica admitirá padrinos de bautismo transexuales
Ibarra Rojas relató cómo se enamoró de su mejor amiga a los ocho años sin saber que aquello tenía un nombre.
Para ella cruzar “la costera” para estudiar en La Cruz, Elota, significó cruzar también hacia un mundo donde por fin supo que no era la única.
En la preparatoria conoció a la mujer que la llevó a asumir su identidad pese a la falta de aceptación familiar. Hoy tiene una esposa, dos hijos y la certeza de que ser visibles importa.
La tercera en hablar fue María Emma Zermeño López, nacida en Culiacán y gemela de una hermana que siempre le mostró un espejo en el que no encajaba.
Desde muy pequeña sintió que algo “estaba mal”, no por lo que era, sino por lo que el mundo esperaba de ella. Recordó el miedo, los comentarios que la señalaban por “parecer niño”, las muñecas que no le gustaban, los sentimientos que reprimió durante años hacia otras niñas.
Te sugerimos: Leyes en Sinaloa no bastan para acabar con discriminación a personas transexuales: Manifestantes
Narró cómo a los cuatro años, una amiga recargó su cabeza en su hombro y ahí se dio cuenta que eso era amor.
Para ella, reprimirte tanto rompe a las personas, incluso años después, pero hacer las paces consigo misma es también un acto de valentía.
“Me decían mucho que siéntate con las piernas cerradas, siéntate como señorita, es que pareces niño, es que pareces hombre, no sé qué. Y mi hermana, en realidad no nos parecemos, yo soy mucho más grande, ella es más pequeñita, más finita, más femenina, y pues ella no tenía esos problemas. Y yo quería jugar con los juguetes de mi hermano más grande, quería jugar con carritos y así, no me gustaban las muñecas, y eso hacía que yo como niña pensara que algo estaba mal en mí”.
Las historias de Samantha, Virginia y María Emma, tan distintas entre sí, convergieron en un mismo punto: la urgencia de construir espacios donde la diversidad no solo se tolere, sino se reconozca, se escuche y se celebre.
Voces Visibles cumplió con su misión: ofrecer un lugar donde las mujeres diversas pudieran narrarse sin miedo, sabiendo que cada palabra lanzada al aire podría convertirse en el primer referente para alguien más.
¿Qué es una mujer de la diversidad?
Una mujer de la diversidad es una mujer que forma parte de grupos históricamente discriminados, especialmente dentro de la diversidad sexual y de género (como mujeres trans, lesbianas o bisexuales), y también puede incluir a mujeres con otras identidades o condiciones diversas. Representa la visibilidad y reconocimiento de distintas realidades femeninas.