Guasave, Sin. – ¿Cuántas veces no te han recomendado comer un bolillo después de pasar por un susto? Si alguna vez has pensado que se trata de un simple mito, la psicóloga Armida Beltrán reveló que existe una base neurocientífica que comprueba que el masticar regresa la calma.
La especialista enfatizó que, tras una carga pesada de adrenalina, el cuerpo humano consume sus reservas de glucosa para obtener energía inmediatamente, por lo que los carbohidratos del bolillo ayudan a estabilizar los niveles de azúcar en la sangre, además facilitan la entrada de triptófano al cerebro que resulta fundamental para recuperar el equilibrio emocional.
“Masticar, en el caso del bolillo, pues el bolillo al ser un alimento con una corteza digamos dura, requiere esfuerzo mecánico, que obliga al cerebro a centrar su atención en una tarea motora repetitiva, distrayéndolo del susto, o lo que sea que esté causando estrés, promoviendo una sensación de que todo está bajo control, la masticación rítmica, también reduce los niveles de cortisol en la saliva y atenúa la actividad de la amígdala”.
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La especialista señaló que, ante un susto, el cuerpo se prepara para luchar, por lo que la sangre se desvía de los órganos no vitales, como el sistema digestivo, y se va hacia los músculos, por lo que el proceso digestivo se detiene abruptamente, lo que genera una sensación de vacío en el vientre y en muchos casos, náuseas.
Detalló que los sustos o impactos emocionales fuertes se deben procesar adecuadamente, de lo contrario, se corre el riesgo de desarrollar un trastorno de estrés postraumático, ansiedad y hasta algunas fobias.
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¿Es posible morir por un susto?
Morir por un susto es un fenómeno poco frecuente, pero posible, y se le llama síndrome del corazón roto, con síntomas que se confunden con los de un infarto.