Campo 35, Sin.- Jornaleras agrícolas tarahumaras trabajan bajo condiciones climatológicas extremas, algunas enfermas y realizando enormes esfuerzos físicos porque buscan sacar adelante a sus hijos, para ellas, no existe otra realidad laboral: el campo, es la única alternativa.
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La mayoría son mujeres jóvenes de 16 a 27 años, con hijos y separadas de sus exparejas por temas de adicción al alcohol y violencia, con los cuales tienen que convivir porque pertenecen al mismo grupo de trabajadores jornaleros que llegan a laborar al Campo 35.
Como carecen de estudios de nivel básico, las madres de familia están arraigadas a los campos agrícolas, donde laboran bajo condiciones climatológicas que dejan secuelas en su piel y, el desgaste físico, sumada a la deficiente alimentación, las mantiene enfermas y sin oportunidad de tener asistencia médica.
Entrevistadas por Línea Directa, las mujeres jornaleras, algunas con sus bebés en brazos, revelaron que los “cortes” de cultivo más “pesados” para ellos son: la papa, tomate, tomatillo y pepino, los cuales les pagan de 4 a 8 pesos por cubeta.
“La papa y tomate, son lo que están más pesados, y el tomatillo y el pepino”.
-¿Por qué?
“Porque son los que pesan más, de a dos cubetas”.
-¿Y a cuánto les pagan las cubetas?
“La pagan a 4 o a 8 pesos”.
-¿Y cuántas cubetas saca más o menos al día?
“Pues, lo que haga uno nomás. Yo no más 70 o 60 nomás”.
-Y con el calor, ¿cómo le hacen?
“Pues aguantar”.
-¿No se han enfermado?
“Pues sí, pero, ni modo, qué va a hacer uno, ahorita andamos malos de la panza”.
-¿Y no ha ido al doctor?
“No, ahorita no hay trabajo”, expresaron un grupo de jóvenes jornaleras, todas, madres de familia.
Las mujeres quienes son muy tímidas al momento de entablar alguna conversación con extraños, para poder entrar en confianza, los interlocutores deben hacer grandes esfuerzos para que puedan pasar de suaves y casi inaudibles monosílabos, ha conversaciones más complejas, donde revelan cuál es la realidad que viven como trabajadoras agrícolas indígenas migrantes.
Además, viven en cuarterías, en el Caso del Campo 35, los cuartos son de material, pero, en todos prevalecen condiciones de hacinamiento, nulos espacios de privacidad porque los baños, aunque divididos con señalamientos de “hombres” o “mujeres”, se comparte entre toda la población integrada desde niños hasta adultos mayores.