Hermosillo, Sonora. – A dos décadas de su desaparición, el nombre de Alfredo Jiménez Mota volvió a ocupar titulares nacionales luego de que un hallazgo de restos humanos en Punta Chueca, Sonora, encendiera una intensa esperanza entre quienes aún buscan justicia y verdad.
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El hallazgo fue reportado por el colectivo Madres Buscadoras de Sonora, que localizó un cráneo humano en una zona rural cercana a Bahía de Kino, a unos 150 metros del acceso principal a Punta Chueca. De inmediato, la noticia generó especulación sobre la posible relación con el caso de Jiménez Mota, uno de los casos más dolorosos del periodismo mexicano contemporáneo.
Según el comunicado oficial emitido este 9 de octubre, la Fiscalía explicó que el cráneo fue hallado el pasado 21 de marzo de 2024 y trasladado a las instalaciones de Servicios Periciales, donde se realizaron estudios especializados con la intención de obtener un perfil genético, sin embargo, los análisis no arrojaron resultados concluyentes debido al alto nivel de deterioro del material biológico, imposibilitando su identificación.
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“El resto óseo fue turnado al área de Genética de la Dirección General de Servicios Periciales, donde se realizaron los procedimientos científicos correspondientes para obtener un perfil genético, sin embargo, debido a las condiciones en que fue localizado, no fue posible obtenerlo”, detalló la FGJE en su comunicado.
La institución precisó que, por la falta de perfil genético, el material no puede ser cotejado con la base de datos de personas desaparecidas del estado. No obstante, aseguró que la investigación continuará abierta y que el resto permanecerá bajo resguardo, con la posibilidad de aplicar nuevas técnicas de identificación si los avances científicos lo permiten.
Un caso que marcó al periodismo mexicano
Alfredo Jiménez Mota, reportero del diario El Imparcial de Hermosillo, desapareció el 2 de abril de 2005, cuando tenía apenas 25 años. Se especializaba en temas de seguridad y crimen organizado, y sus reportajes habían abordado la creciente presencia del narcotráfico en la región. Desde entonces, su paradero ha sido un misterio y su caso se convirtió en un emblema de la violencia y la impunidad que rodea la labor periodística en México.
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Durante estos 20 años, familiares, colegas y organizaciones defensoras de derechos humanos han mantenido viva su memoria y han exigido resultados en las investigaciones. Su desaparición se suma a una larga lista de periodistas que han sido silenciados en el ejercicio de su profesión, en un país considerado uno de los más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo.
El reciente hallazgo reavivó tanto el dolor como la esperanza de encontrar alguna pista que permita cerrar el ciclo de incertidumbre.
Pese a las adversidades, la FGJE aseguró que “cada hallazgo es atendido con rigor técnico y conforme a los protocolos periciales y de investigación establecidos”, y subrayó su compromiso con la identificación de todas las personas localizadas en fosas o zonas rurales.
La dependencia reiteró que el caso del periodista sigue activo y que se mantienen abiertas las líneas de investigación en espera de que nuevos recursos tecnológicos permitan obtener más información en el futuro.
Mientras tanto, el nombre de Alfredo Jiménez Mota sigue siendo un símbolo de memoria y exigencia de justicia en un país donde la verdad sobre los desaparecidos continúa siendo, para muchos, la deuda más profunda del Estado.