Guamúchil, Sinaloa. En los días previos a la Navidad, cuando afuera dominan las luces, las posadas y el discurso de abundancia, dentro del Banco de Alimentos de Guamúchil se vive otra realidad. No es silenciosa, pero sí profunda. Se expresa en miradas inquietas, en manos que esperan su turno y en una pregunta que se repite, aunque no siempre se diga en voz alta: ¿qué nos va a tocar este 24?
Yajaira Cecilia López Camacho, directora de la institución, lo ha visto año con año. Asegura que aunque el trabajo es constante durante todo el calendario, diciembre tiene un peso distinto.
“La gente viene con esperanza, con esa luz de pensar qué podrán llevar a casa en Navidad”, relató.
Esa ilusión se nota, dijo, en la forma de caminar, en cómo hablan, y sobre todo en los adultos mayores que se acercan con la expectativa de compartir algo con hijos y nietos que regresan por estas fechas.
La escena se repite en comunidades urbanas y rurales. Personas aglomeradas desde temprano, observando con atención cómo otros reciben su paquete, calculando mentalmente cuándo será su turno.
“Hay emoción, inquietud, alegría. Ver que ya casi les toca les cambia el rostro”, describe Yajaira.
No es ansiedad por acumular, es el alivio de saber que esa noche habrá algo que poner en la mesa.
Entre las emociones que predominan, la directora no dudó: la esperanza encabeza la lista.
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Aunque también hay tristeza, nostalgia y silencio.
“Hay quienes no tienen la certeza de que habrá un plato de comida el 24 o el 25. Algunos lo viven con agradecimiento, otros con una mirada vacía”, explicó.
En contraste, cuando llegan donaciones extraordinarias como frutas o paquetes completos, la reacción es inmediata, con sonrisas y cálculos domésticos “estos melones me van a durar 15 días”, y una calma que se refleja en el cuerpo.
Los niños son otro retrato elocuente. Yajaira recuerda con claridad una escena reciente en una comunidad rural; una abuelita llegó con su carretilla y, a su lado, una niña de primaria. La menor se adelantaba, extendía las manos, preguntaba en voz baja si “eso también les iba a tocar a ellos.
“Estaba lista todo el tiempo, con los brazos abiertos, esperando ayudar a su abuelita”, cuenta.
No entendía del todo el proceso, pero sí comprendía que ahí había algo importante para su casa.
La pobreza alimentaria, aclara la directora, no siempre se nota en la ropa ni en la fachada de una vivienda. Muchas veces es una pobreza discreta, heredada de tiempos mejores que ya no existen.
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“Cuando haces la visita y escuchas la historia, te das cuenta de que la vida da muchas vueltas. Hoy cualquiera puede necesitar ayuda”, afirmó.
Enfermedades, falta de empleo o crisis familiares pueden romper, de golpe, la seguridad alimentaria.
Después de 12 años en el Banco de Alimentos, Yajaira reconoce que la experiencia la transformó.
“Yo siempre fui sensible, pero aquí fue una sacudida. Al principio me iba llorando todos los días”, confiesa.
Con el tiempo entendió que su papel no es solo entregar comida, sino ser un puente, un acompañamiento, incluso un apoyo emocional.
“A veces hasta de psicólogos nos toca”, dijo, convencida de que una palabra también puede alimentar.
Cuando se le pregunta por una imagen que represente la pobreza alimentaria en Navidad, no menciona carencias extremas, sino algo más poderoso: familias completas, abuelos, padres, niños y hasta mascotas esperando juntas, con alegría, su turno.
Así ocurrió el lunes 15 de diciembre en la comunidad de Tres Palmas, donde 23 familias recibieron apoyo por primera vez.
“Había emoción, satisfacción, desesperación por recibir. Esa imagen me la quedo”, afirma.
Yajaira cierra con una reflexión que va más allá de diciembre.
Lo que no debería olvidarse cuando pase esta temporada, dice, es ese impulso de compartir.
“Que no sea solo en Navidad. Todo el año podemos hacer algo por alguien. Si está en tus manos, hazlo. No te vas a arrepentir”.
¿Cómo se vive la Navidad para las familias en pobreza alimentaria en Guamúchil?
Se vive con esperanza, pero también con incertidumbre. Muchas familias no saben con certeza si tendrán un plato de comida en Nochebuena. Aun así, mantienen la ilusión de compartir algo, por sencillo que sea, y encuentran en el Banco de Alimentos un apoyo clave para llegar a esas fechas con dignidad.
¿Qué revela el trabajo del Banco de Alimentos sobre la pobreza que no se ve?
Que la pobreza alimentaria no siempre es evidente. Hay hogares donde la carencia no se nota a simple vista, pero se manifiesta en la falta de alimentos. Las historias personales muestran que cualquier familia puede caer en vulnerabilidad por causas como enfermedad, desempleo o crisis económicas.
¿Por qué es importante mantener la solidaridad más allá de diciembre?
Porque el hambre no es estacional. Aunque en Navidad aumenta la empatía y las donaciones, la necesidad es permanente. Mantener la cultura de compartir y donar durante todo el año permite que más familias tengan seguridad alimentaria de forma constante y no solo en fechas festivas.