Culiacán, Sin.- La pavimentación de
calles, que es de los servicios públicos más palpables y que repercuten
directamente en el mejoramiento de calidad de vida de la gente, no obedece a un
principio de planeación democrática del desarrollo, donde se atienda en orden
de importancia a los sectores más vulnerables para apoyarlos a superar su
situación de rezago social.
Tanto gobiernos municipales del Partido
Revolucionario Institucional como del Partido Acción Nacional en Culiacán han
optado por afrontar esta demanda de servicio público no en base a una
planeación de las zonas más necesitadas, sino en función del clamor social y de
la capacidad económica de los demandantes, donde el que más se pronuncia y más
recursos reúne, es atendido preferentemente.
Esta práctica revela una situación que
condena a los habitantes que viven en situación de pobreza o pobreza extrema, a
no contar con este servicio público por su misma condición precaria que les
impide colaborar en el financiamiento de la obra pública; mientras que los
colonos que sí poseen recursos reciben el beneficio de la obra, en una clara
inequidad en la distribución de los satisfactores públicos hacia los sectores
necesitados.
Así han actuado los gobiernos
municipales de alternancia política en el municipio de Culiacán.
Sadol Osorio Salcido, alcalde de 1996 a
1998 por el PAN, y Gustavo Guerrero Ramos, presidente municipal de 1999 al 2001
por el PRI, coinciden en que la distribución de la obra pública de
pavimentación de calles se definió en función de las solicitudes que hacían
grupos de colonos que aportaban el 30 por ciento del costo de la obra.
Destaca esta comparación de los dos
únicos gobiernos de alternancia que se han sucedido inmediatamente en Culiacán,
porque permite demostrar que la manera de atender el problema del déficit de
pavimentación de calles no es propio del clientelismo que se le pueda atribuir
a un determinado partido político o estilo de gobernar, sino que es un
denominador común en la práctica del gobierno municipal independientemente de
su filiación política.
En entrevista ofrecida en sus oficinas,
el empresario Sadol Osorio Salcido aclara que si bien él no hizo uso de
facultades discrecionales para decidir a qué sector de colonos beneficiaba con
la obra de pavimentación de calles, sí actuó atendiendo el clamor social que
tenía lugar en su programa de audiencias públicas denominado Miércoles
Ciudadano, que celebraba cada semana en el patio central de Palacio Municipal.
?Nosotros el sistema que pusimos,
hicimos comités ciudadanos por calles, en la ciudad y las sindicaturas, y esos
comités iban a aportar una cantidad equis, y cada Miércoles Ciudadano informábamos cómo iba cada comité, qué porcentaje
llevaba reunido de lo que les correspondía del 30 por ciento?.
??y todos los comités se enteraban
perfectamente bien por qué íbamos a pavimentar esta calle y no ésta o ésta,
porque éste ya había completado su 30 por ciento, pero fue público, muy claro,
muy preciso, entonces no hubo ningún problema con los comités, porque se
enteraban cómo iban?, manifiesta.
El exalcalde panista considera que esta
práctica de transparentar la programación de la obra de pavimentación le dio
mucha tranquilidad tanto al Gobierno como a los ciudadanos demandantes, porque
todos podían constatar que no había favoritismo, ni que se estaba haciendo la
obra con fines electorales, todo ello al margen de los partidos políticos e
inclusive de la propia voluntad personal del presidente.
?Nadie podía intervenir ni a favor ni en
contra, porque era una cosa democrática 100 por ciento; tú no podías decir en
la colonia 10 de Mayo se va a hacer esta calle, no, se va a hacer esta calle
porque el comité ya completó su aportación, nosotros teníamos la obligación de
que ya cuando tenían el 60 por ciento que le correspondía a los vecinos
iniciábamos la calle, no había ahí que PRI, que ningún otro interés?, señala.
Sin embargo, Osorio Salcido reconoce que
la crisis económica iniciada en diciembre de 1994 que le tocó sortear, impactó
tanto al gobierno como a los propios habitantes y les impidió hacer la obra de
pavimentación que deseaban y que necesitaba la ciudad, que al inicio de ese
trienio 1996-1998 mantenía un rezago de más de 66 por ciento de calles sin
pavimentar.
Por ello, menciona que creó el
Reglamento de Promociones Externas, con el que se buscaba que los constructores
privados participaran en la obra con un esquema de apoyos del Ayuntamiento y de
descuentos a los colonos, pero finalmente esa estrategia tampoco tuvo el éxito
esperado por la misma situación de la crisis económica que se había prolongado
desde 1994.
?Les dimos facilidades al constructor
para que se pusiera de acuerdo con los comités pro pavimentación y pudiera
hacer un contrato con ellos y que recuperara directamente el dinero que les
correspondía a ellos, y el Ayuntamiento ponía su parte, de tal manera, que el
constructor sabía si le invertía o no, previo al estudio que había hecho, con
la garantía de que el Ayuntamiento ponía todos los espacios públicos, escuelas,
iglesias, parques, y los lotes baldíos donde no se encontrara el dueño?.
??no se hicieron muchas calles, pero sí
algunas con este sistema, no te puedo decir ahorita cuáles, se necesitaría ver,
pero no fueron muchas, no llegó a 10 calles con ese sistema, a pesar de que era
un buen sistema y le ampliamos a los constructores la posibilidad de que ellos
trabajaran en la promoción y no dejaran nomás a criterio del Ayuntamiento,
entonces esa fue una buena idea que yo creo que sigue valiendo si se llevara a
cabo?, recomienda el exalcalde.
Por su parte, el exalcalde priista
Gustavo Guerrero Ramos coincide también en que la obra de pavimentación en su
gobierno no se programó de acuerdo a algún censo de zonas más necesitadas, sino
que fue la misma organización de los ciudadanos a través de comités lo que
determinó el rol de atención, pero con el criterio de ir cerrando circuitos con
otras calles que ya estaban pavimentadas.
?La gente comprendió que teníamos que ir
cerrando circuitos, imagínate que la calle 21 de Marzo hasta Los Huizaches, o
la Mina, donde se pone el tianguis, decir, no, si esta calle cuesta 3 millones
de pesos, mejor estos 3 millones voy a repartirlos en callecitas en la
Huizaches, en la Lombardo, en Aguaruto, en el Barrio, ¿y para dónde me lleva eso?
No hay un orden, no hay una planeación, no hay una dirección para ir ampliando
la cobertura de pavimentación, por eso el ejercicio que se hizo con la gente,
de cerrar mejor circuitos?, narra.
Reconoce que este criterio ciertamente
afectaba a ciudadanos que querían la pavimentación de su calle y que incluso se
organizaban con la aportación de su dinero, pero pensando en términos del
desarrollo urbano de la ciudad, no era una obra de impacto que beneficiara la
movilidad en general, y ni incluso la de los propios vecinos interesados.
?A la gente siempre se le explicó muy
bien a través de los comités que hacían, que tenían que pensar que para lograr
su proyecto, este proyecto tenía que concursar con otros proyectos, no es lo
mismo que tengas una calle de alimentación, que tengas un bulevar, ya sea
primaria o secundaria, o la que pasa enfrente de tu casa, de nada sirve que tú
tengas un tramo pavimentado de 300 metros que pasa enfrente de tu casa, si para
salir a un gran bulevar que te va a comunicar con otras vialidades vas a estar
con el mismo lodazal y la calle despedazada, entonces, siempre se buscó ir
bajando de la manera que la calle más grande que te conectaba con más puntos
hacia abajo para llegar a tu calle?, detalla.
Gustavo Guerrero afrontó condiciones
económicas no tan adversas como su antecesor, porque para 1999 la crisis
iniciada en 1994 se había contenido con el rescate bancario del Fobaproa que
permitió la reducción de las tasas de interés bancarias y la renegociación de
los créditos hipotecarios y bancarios. Esto trajo un mayor margen de maniobra
al gobierno y a los propios ciudadanos para colaborar económicamente en la
pavimentación de las calles.
De esa manera, el gobierno de Guerrero
pudo casi triplicar lo hecho por la administración de Osorio Salcido, con una
superficie total de 1 millón 093 mil metros cuadrados en sus tres años, a
diferencia de los poco más de 400 mil metros cuadrados logrados en la gestión
panista anterior.
Sin embargo, pese a las diferencias
cuantitativas en la cobertura del servicio, ambos gobiernos siguieron el mismo
criterio de dejar la planeación de la obra de pavimentación a la capacidad de
organización de la gente, a la resonancia de su clamor y sobre todo, a la
disponibilidad económica de quien tiene dinero para subastar el beneficio del
gobierno.
AR
Pavimentación de calles, servicio al mejor postor
La limitación de recursos de los gobiernos municipales relega a las zonas más pobres de este beneficio, y se atiende a quien tiene recursos para pagarlo.
Fuente: Internet