Guasave, Sinaloa. Samuel tiene solo 10 años, pero habla como quien carga siglos de preocupación. Desde su escuela primaria Jaime Nunó, este pequeño activista ambiental hace una denuncia que retumba con fuerza: “Nuestro planeta se está acercando cada vez más a la extinción de la humanidad… y la gente todavía se lo toma a broma”.
A través de un emotivo discurso, Samuel expuso su profunda preocupación por el futuro del planeta y, en especial, de su generación.
“No es una broma a este punto. Son provocados por una irresponsabilidad, por la falta de importancia que los adultos le dan a estas situaciones. Nosotros los niños no queremos que nos hereden dinero ni cosas materiales. “Lo único que queremos es un futuro, al menos igual al que ustedes tuvieron”, insistió. Desde su visión como estudiante de quinto grado, acusa una marcada indiferencia de los adultos frente a los problemas medioambientales actuales.
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Su mensaje resuena con especial fuerza porque no se limita a la crítica. A pesar de su corta edad, Samuel ha dedicado la mitad de su vida a generar conciencia ecológica. Desde los cinco años se autodefine como “mentalista y concientizador del medio ambiente”, y su lema lo resume con claridad: “Todos por el mundo y el mundo para todos”.
Samuel plantea una verdad incómoda: las generaciones anteriores han disfrutado de los recursos naturales sin considerar las consecuencias, dejándole a los más jóvenes la tarea titánica de resolver una crisis que no provocaron.
“Hoy enfrentamos las consecuencias de la irresponsabilidad de los adultos, quienes ya disfrutaron, sí, pero también saquearon los recursos”, reprocha, visiblemente dolido por la negligencia institucional y social frente al colapso climático.
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Samuel pone especial énfasis en la contaminación por plásticos, que considera el símbolo más evidente del fracaso colectivo. Menciona que año tras año se vierten entre 12 y 14 millones de toneladas de plástico en los océanos. “Para el año 2030 es muy probable que haya más plástico que peces en el mar”, advierte.
Con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, Samuel, protagonista de la página “Samuel Dice” (https://www.facebook.com/samuelsaid.espinozaurias), no solo recuerda que esta fecha fue establecida por la ONU en 1972, sino que se cuestiona el verdadero significado de dicha conmemoración. “Llevamos más de 51 años celebrando este día, pero ¿qué estamos celebrando realmente?”, se pregunta. “No podemos celebrar que estamos cuidando el planeta porque claramente no lo estamos haciendo… lo estamos destruyendo”.
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Además, señala con ironía que el lema de este año, “Un mundo sin contaminación por plásticos”, ya ha sido utilizado anteriormente (en 2018 y 2023), lo cual refleja, según él, que la problemática sigue sin resolverse. “Los plásticos son el contaminante más abundante, común y peligroso de nuestro planeta”, insiste.
Lejos de conformarse con las palabras, Samuel invita a pasar a la acción. Recomienda gestos simples pero significativos: cerrar llaves de agua, apagar luces, caminar más, plantar árboles, aplicar las tres erres del reciclaje —reducir, reciclar, reusar— y, sobre todo, “respetar a la madre naturaleza los 365 días del año”.
“¿Para qué esperar al 5 de junio para hacer una sola acción? “Hacemos algo ese día y el resto del año no hacemos nada”, reclama. Su mensaje concluye con una advertencia esperanzadora: “No nos queda mucho tiempo, pero todavía estamos a tiempo de lograr nuestra supervivencia y permanencia en el planeta”.
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Antes de terminar su intervención, Samuel hace un llamado práctico: su escuela, la primaria Jaime Niño Matutina, funciona como centro de acopio de PET y agradece cualquier donación de botellas plásticas para su reciclaje.
Más allá de sus palabras, su discurso es un acto político en el mejor sentido del término: un llamado colectivo a repensar nuestro modo de vida y asumir responsabilidad intergeneracional. “Somos nosotros quienes vamos a tener que arreglar nuestro futuro por nuestra propia cuenta”, afirma con convicción.
Desde Guasave, la voz de Samuel Said Espinoza Urías se levanta como símbolo de una generación que no quiere ser víctima, sino protagonista del cambio. Su mensaje, claro y firme, es imposible de ignorar: “Lo único que queremos es un futuro”.
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