Sinaloa. México ocupa el lugar 40 de 41 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en inversión educativa por estudiante, según el informe presentado recientemente.
De acuerdo con el reporte, el país destina 2 mil 790 dólares por alumno al año, un monto de 51 mil 681 pesos desde primaria hasta secundaria, cifra muy por debajo del promedio internacional y solo por encima de un país.
Nuria González, representante de Mexicanos Primero en Sinaloa, señaló que este dato confirma un problema estructural: el financiamiento insuficiente en educación que impacta directamente en niñas, niños y adolescentes.
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Subrayó que, además de la baja inversión gubernamental, las familias mexicanas absorben el 16.2 por ciento del gasto educativo, una carga casi el doble que el promedio de la OCDE, que se ubica en 9.9 por ciento.
“Existen diferencias significativas en cuanto a cuánto gastan anualmente los gobiernos en educación entre los países de la OCDE, socios y adheridos. México gasta 2 mil 790 dólares por estudiante, desde primaria hasta nivel secundaria, ubicándose en el extremo inferior del rango, que va de menos de 2 mil dólares a más de 27 mil dólares. Esto significa que prácticamente son 41 países los que forman parte de la OCDE, que son los que están adheridos y de esos 41 México ocupa el lugar número 40, porque es el que menos gasta por estudiante”.
Además, añade: “En la mayoría de los países el gasto gubernamental es mayor entre más amplio el rango de edad, incluyendo investigación y desarrollo. Pero otro dato, aunque el gasto por estudiante desde primaria hasta secundaria aumentó en promedio en los países de la OCDE, entre 2015 y 2022, en términos reales, el gasto gubernamental en educación disminuyó en términos relativos, del 10.9 por ciento del presupuesto público al 10.1 por ciento.
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Indicó que, esto sugiere que la prioridad relativa otorgada a la educación en el gasto público general ha caído en la OCDE, y en México el gasto por estudiante disminuyó de 4.079 dólares a 3.650.
Dijo que el informe también ofrece un análisis general de los avances y rezagos del sistema educativo mexicano. Por un lado, destaca que la proporción de jóvenes adultos (25 a 34 años) sin bachillerato disminuyó del 49 por ciento al 41 por ciento entre 2015 y 2024. Sin embargo, persisten desigualdades: en México, el riesgo de desempleo no se reduce significativamente con mayores niveles de escolaridad como sucede en otros países.
Mientras que en la OCDE quienes concluyen estudios superiores tienen más acceso a empleo y mejores salarios, en México los porcentajes de desempleo son cercanos entre quienes no terminaron bachillerato (2.7 %), los que sí lo concluyeron (3.6 %) y quienes tienen estudios universitarios (4.3 %).
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Otro de los hallazgos es la caída en la proporción del presupuesto nacional destinado a educación. Entre 2015 y 2022, el gasto público en la OCDE bajó de 10.9 por ciento a 10.1, pero en México la reducción fue más drástica: de 15.8 a 13.2 por ciento. Incluso, el gasto por estudiante descendió de 4 mil 79 dólares a 3 mil 650 en ese mismo periodo.
El estudio alerta además sobre la disminución de la población infantil de 0 a 4 años en México, que cayó 9 por ciento entre 2013 y 2023, y podría reducirse otros 10 puntos porcentuales hacia 2033. Para Mexicanos Primero, este cambio demográfico exige replantear la planeación educativa: ajustar la oferta escolar y garantizar entornos seguros donde los niños aprendan y convivan.
Nuria González recalcó que la educación debe colocarse en el centro de la política pública, no solo como un servicio, sino como un derecho. “Si las familias siguen cargando con el peso financiero de la educación básica, se amplían las brechas y se vulnera el acceso equitativo al aprendizaje”.
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El reporte de la OCDE y el análisis de Mexicanos Primero coinciden en que, pese a ciertos avances, México mantiene una baja prioridad en su presupuesto educativo, lo que limita la calidad, equidad y cobertura del sistema escolar.
Mexicanos Primero ha realizado durante años los análisis de estas referencias internacionales. Miradas externas nos invitan a reflexionar sobre el sistema educativo mexicano. Los datos reflejan que avanzamos en algunos temas, pero la mirada sistémica sigue siendo un talón de Aquiles para el país. Mientras no veamos las trayectorias educativas completas y, en relación con estas, se garanticen condiciones y recursos para sostenerlas, los esfuerzos serán aislados, con probabilidades de que carezcan de continuidad y sean solo programas y apoyos de paso, refiere.
Tres son las recomendaciones que surgen de este estudio. Primero: replantear asignación de recursos; es decir, priorizar inversión por estudiante, reducir carga financiera de los hogares, evaluar la universalidad de las becas y focalizar en poblaciones con más alta marginación.
Segundo: reconfigurar la oferta educativa para educación inicial y mejorar el vínculo de oportunidades entre educación media superior y el mercado laboral. Por último: medir aprendizajes fundamentales, pues aumentar la cobertura sigue siendo insuficiente mientras que no podamos asegurar cuánto y cómo aprenden. Para corregir el rumbo de las políticas educativas se necesita evidencia, precisa.