Culiacán, Sinaloa. La posibilidad de que Librería México cierre definitivamente sus puertas ha encendido las alertas entre la comunidad cultural de Culiacán.
Tras meses enfrentando una baja afluencia de clientes y complicaciones económicas, el establecimiento difundió un mensaje en redes sociales en el que reconoce que atraviesa una situación crítica y solicita el respaldo de la ciudadanía para poder continuar.
A través de una publicación, la librería señaló que su permanencia depende del apoyo de lectores, clientes y de quienes consideran que estos espacios siguen siendo necesarios para la vida cultural de la ciudad.
“Librerías México lucha por permanecer abierta porque creemos que una ciudad necesita espacios donde las ideas circulen libremente y donde las personas puedan encontrarse con el conocimiento. Si esta librería desaparece, no solo perdemos un negocio. Perdemos un lugar donde la inteligencia humana se cultiva todos los días”.
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En el mismo mensaje invitaron a la población a contribuir comprando libros, realizando aportaciones económicas o compartiendo la campaña para llegar a más personas.
Más que una librería, un espacio de encuentro
Durante más de cinco décadas, Librería México se ha consolidado como uno de los referentes culturales de la capital sinaloense. Además de ofrecer libros, el lugar ha servido como punto de encuentro para lectores, escritores, promotores culturales y artistas.
Sus trabajadores también representan parte de esa historia. Algunos colaboradores, como Rosina y Alexandra, acumulan más de dos décadas formando parte del proyecto, convirtiendo el espacio en una comunidad que trasciende lo laboral.
Ante la situación, la librería informó que puso en venta todo su inventario, incluidos algunos muebles, y que incluso recibe donativos para hacer frente a compromisos económicos pendientes.
Artistas llaman a respaldar el proyecto
Una de las primeras voces en solidarizarse fue la artista Vanessa Salas Orduño, cuyas obras han acompañado durante años la imagen y los espacios de la librería.
La creadora recordó que Librería México ha sido mucho más que un comercio, al fungir como sede de actividades culturales, punto de reunión de promotores de lectura y centro de acopio para diversas causas sociales impulsadas por colectivos ciudadanos.
“Creo que es un espacio que vale mucho salvar, no solo porque contiene libros, sino por todo lo que significa”, expresó.
Salas Orduño invitó a los culiacanenses a acudir al establecimiento y adquirir al menos un libro, al considerar que una acción colectiva podría darle un respiro al proyecto o, en caso de que el cierre sea inevitable, permitir que concluya en mejores condiciones.
“Una librería que se ha sostenido por tantos años en un lugar como Culiacán merece también nuestra solidaridad y nuestro apoyo”, afirmó.
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La campaña de respaldo comenzó a difundirse entre lectores, artistas y promotores culturales, quienes coinciden en que la eventual desaparición de Librería México representaría la pérdida de uno de los espacios más emblemáticos dedicados a la lectura y la difusión del conocimiento en la ciudad.
Un espacio que ha acompañado a generaciones de lectores
Hablar de Librerías México es hablar de uno de los espacios culturales con mayor tradición en Culiacán. Fundada en 1969, la librería ha permanecido abierta durante 57 años y se convirtió en un punto de referencia para miles de estudiantes, maestros, profesionistas y lectores que encontraron ahí desde libros de texto hasta novelas, obras especializadas y títulos difíciles de conseguir.
Ubicada en el corazón de la ciudad, sobre la avenida Álvaro Obregón, la librería ha sido mucho más que un negocio. Para muchas generaciones representó el primer contacto con la lectura, el lugar donde se compraban los libros para iniciar un nuevo ciclo escolar o donde era posible encontrar ese ejemplar que parecía imposible de localizar.
Con el paso de los años resistió la llegada de las grandes cadenas comerciales, el crecimiento de las ventas por internet y los cambios en los hábitos de consumo. Sin embargo, hoy enfrenta uno de los retos más difíciles de su historia: la baja afluencia de clientes que pone en riesgo la continuidad de un espacio que, para muchos culiacanenses, forma parte de la memoria colectiva de la ciudad.