Los Mochis, Sinaloa. El feminicidio de Rosenda Montenegro Ruiz representa la máxima expresión de violencia familiar y de género: la pérdida de la vida de una mujer a manos de su pareja sentimental, que deja en total indefensión a los hijos de ambos, víctimas indirectas de este cruel hecho.
Bajo este contexto y la realidad que enfrenta la familia de la víctima, el proceso para sobreponer el duelo ha encontrado obstáculos, entre ellos, la posibilidad de que la justicia sea laxa y el agresor, identificado como José Rafael “R”, pueda obtener una sentencia mínima.
Elizabeth Montenegro, hermana de Rosenda, señaló que este jueves 9 de abril de 2026 se celebrará una audiencia de solicitud de prórroga de investigación complementaria a las 14:00 horas. Pero, más allá del plazo para realizar diligencias que se sumen a la causa penal 874/2025, el mayor miedo es que el juez brinde una sentencia de 40 años de prisión, como aparentemente ya se le ofreció a su defensa.
“Le está ofreciendo 40 años, el mínimo se supone que para un feminicidio son de 70 a 40 años ¡¿Por qué el mínimo?! Él en diciembre, él fue el que se entregó por voluntad propia, no lo capturaron, él se entregó. En la primera celebración de la audiencia, él se declaró inocente, él solicitó un amparo, entonces, si te estás entregando y te estás declarando inocente, quiere decir que no estás aceptando”.
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“La Fiscalía ya ofreció un mínimo, que, la verdad, para nosotros es un insulto… una vida siempre… desde los 18 años hasta los 37 que te rebatan la vida… con violencia todos los días o sea al grado de sumisión que llegó él a tenerla”, reclamó Elizabeth.
La familia de Rosenda exige que al delito de feminicidio se agreguen agravantes, entre ellas, la denuncia por violencia familiar que la víctima realizó meses antes de que le fuera arrebatada la vida.
Además, José Rafael “R” tenía formación militar y sabía cómo golpear y usar armamento.
“No nada más nos quitó la vida de mi hermana, les destrozó la vida a sus hijos y son cuatro niños, imagínese, el más chiquito crecer sabiendo que tu papá mató a tu mamá. Sin un sustento, porque, desafortunadamente, es difícil decir, ya no hay mamá, ya no hay papá, quiénes se van a encargar”, señaló la joven a Línea Directa.

Elizabeth Montenegro compartió a Línea Directa que su familia exige que al delito de feminicidio se agreguen agravantes. Fotografía: Emmanuel Casas.
¿Qué dice el Código Penal en Sinaloa sobre sentencias por feminicidio?
De acuerdo con el artículo 134 Bis del Capítulo I Bis Feminicidio, a quien cometa dicho delito se le impondrá de 40 a 70 años de prisión y una multa de quinientos mil días.
También se establece que, en quien cometa feminicidio con agravantes, la sentencia podrá incrementarse hasta en una tercera parte en su mínimo y máximo, de acuerdo con estas circunstancias en las que Rosenda, como víctima, concurre:
IV. Cuando el delito sea cometido en presencia de una o más personas con quienes la víctima tuviere un vínculo de parentesco o bien, de noviazgo, amistad, afectiva, de confianza o cualquier relación de hecho;
V. Cuando el sujeto activo se haya valido de su oficio de conductor de un vehículo de transporte de pasajeros o de turismo público o privado para la comisión del delito.
18 años de violencia familiar y de género
Fue en preparatoria cuando Rosenda y José Rafael iniciaron una relación sentimental. A los 19 años, ambos contrajeron nupcias. Sin embargo, al año del matrimonio comenzó el calvario para la madre de cuatro hijos: celos, control económico, agresión física, intimidaciones y amenazas con armas de fuego fueron una constante.
En todo este tiempo, la joven madre de familia sobrellevó la relación violenta en silencio, por temor a que el exmilitar agrediera a sus padres y hermanos, como la amenazaba cada vez que intentaba dejarlo.
“Ella nunca nos dijo nada. No nos dijo nada porque dice que cuando ella lo quiso dejar, mi hermano vivía en ese tiempo con ellos. Entonces, él estaba dormido y él con una pistola le dijo: ‘si me dejas lo voy a matar’”.

Fue durante 18 años que Rosenda vivió violencia familiar, narró su hermana Elizabeth Montenegro. Fotografía: Emmanuel Casas.
“Fue la primera vez, que, yo creo, que ella tuvo que reprimir todo eso… y si le cuentas a alguien, pues te voy a matar a ti, a mis hijos y a toda tu familia”, relató Elizabeth sobre uno de los episodios de violencia que vivió su hermana.
Fue en mayo de 2025 cuando Rosenda tomó valor y confesó a su hermana Princesa toda la violencia que vivía en su matrimonio y los niveles que había escalado, cuando vivió en Los Cabos, Baja California Sur, y también en Culiacán, donde terminó internada en hospitales por las lesiones inferidas por su esposo.
Sin embargo, en todos los casos no denunció por las amenazas de José Rafael y la persuasión de la familia de él.
La mantuvo aislada de su familia
Durante el tiempo que Rosenda estuvo viviendo junto a José Rafael en Los Cabos y Culiacán, la joven estuvo completamente en aislamiento social de su familia; tenía prohibido acudir a fiestas, cumpleaños y cualquier comunicación que llegaba a tener era supervisada por él.
Esto favoreció que la joven no pudiera expresar algún indicio de lo que estaba viviendo dentro de su matrimonio o pedir auxilio.
Además, en la familia de José Rafael, que sí conocía la situación de violencia de la que era víctima, no encontró apoyo; todo lo contrario, fue persuadida bajo el pretexto de “continuar en el matrimonio por sus hijos” en varias ocasiones.
“Una vez la trasquiló, toda la trasquiló, le aventó dinero, descalza, golpeada, llena de sangre. Dice mi hermana que ella se vino en el barco, pero cuando ella llegó no nos avisó a nosotros, porque no tenía teléfono, no tenía con qué avisarnos, pero ya estaba ahí su cuñada y su suegra esperándola”.
“Ellas lo que hicieron fue que la llevaron a una estética, le cortaron el cabello, le compraron ropa, la volvieron a echar en otro barco y se regresó, que porque se iba a regresar por sus hijos”.
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“En esa ocasión, para obligarla a que se quedara con él, la hizo jugar a la ruleta rusa. Dijo mi hermana que, en tres ocasiones, él accionó la pistola y no salió la bala, como que era revólver, porque dice que ella al ver que la prepara y ver que se coloca, miró que se colocó la bala, entonces ella dijo: me va a matar. Y ella decía, bueno, pues sí, me voy a quedar contigo”, narró Elizabeth.
A partir de este hecho, Rosenda, al parecer, perdió la esperanza de poder terminar la relación y regresar con su familia e hijos a Los Mochis.
La violencia en Culiacán permitió que Rosenda regresara a Los Mochis con su familia
En enero de 2025, José Rafael “R” decidió que lo mejor era trasladarse de Culiacán a Los Mochis, debido a las condiciones de inseguridad que imperaban en la capital de Sinaloa, donde se desempeñaba como conductor de aplicación móvil.
El cambio de residencia fue una luz de esperanza para la joven madre de familia al restablecer comunicación y contacto con sus padres y hermanos.
“Fue en mayo cuando ella nos platicó, nosotros hablamos con nuestros papás, nosotros somos cinco hermanos. Y entre todos hablamos con ella para que se pudiera separar de él”.
Fue entre agosto y septiembre del año pasado cuando, por fin, Rosenda logró abandonarlo junto a sus hijos.
En octubre, tras una plática de la Secretaría de las Mujeres de Ahome que se ofreció en la Universidad Autónoma Indígena de México (UAIM) sobre violencia de género, a la que acudió Elizabeth Montenegro, la familia buscó el apoyo institucional, lo que permitió interponer una denuncia formal. Asimismo, la joven madre de cuatro hijos recibió asesoría psicológica.
Posteriormente, se empleó en Ferretería Malova, trabajo con el que sacaba adelante a su familia como madre autónoma.
Siguió el acoso de José Rafael hacia Rosenda
El presunto feminicida, José Rafael, esposo de Rosenda, exmilitar y conductor por aplicación móvil, continuó acechando a la víctima: la esperaba cuando salía del trabajo, realizaba compras de alimentos para sus hijos o los dejaba en las escuelas; siempre buscaba los escenarios donde estuviera más vulnerable y sola.
Pese a esto, ni la joven ni su familia imaginaron que la violencia podría escalar.
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Escala la violencia: feminicidio
El viernes 19 de diciembre de 2025, Rosenda fue vista por última vez con vida saliendo de su domicilio en la colonia Raúl Romanillo, donde rentaba con unos familiares. Ella salía normalmente entre las 7:00 y 7:15 de la mañana porque se iba caminando a la sucursal de Ferretería Malova que se ubica en la esquina de los bulevares Adolfo López Mateos y Juan de Dios Bátiz… pero nunca llegó.
La familia se enteró de que algo le había pasado cuando la encargada de Recursos Humanos le marcó a Elizabeth para preguntar por Rosenda, porque nunca llegó a laborar.
Con miedo y angustia, pero con la esperanza de que probablemente algún contratiempo la hubiera retrasado, su familia comenzó la búsqueda. Sin embargo, las opciones se fueron agotando: ni ella ni su expareja contestaban las llamadas telefónicas.
La señal de alerta de que algo malo pudo haberle ocurrido fue cuando no llegó a recoger a su hijo a la primaria.
La desesperación comenzó a invadir a la familia; fue así como, a través del GPS del teléfono de Rosenda, lograron ubicar el área de su localización: cerca del Hospital General de Los Mochis.
Un hermano de Rosenda fue el primero en llegar a la escena donde fue localizada sin vida: en el estacionamiento del Hospital General IMSS-Bienestar de Los Mochis.
La joven estaba al interior del vehículo Nissan March de color blanco que José Rafael usaba para trabajar. Al llamarla por su nombre en varias ocasiones, no contestó; por este motivo, su hermano rompió el cristal de la unidad y descubrió que no tenía signos vitales.
Elizabeth llegó a los pocos minutos; al notar que tenía el rostro cubierto con una sudadera, se la quitó y terminó de confirmar lo que temía: su hermana estaba muerta. De manera inmediata marcó al 911 y sobrevino todo el operativo de las autoridades, que fue mediatizado.
“Fue un impacto de bala. Fue un impacto de bala, no había señales de violencia, no traía moretones en sus brazos… yo la miré, no había heridas en su cara, fue el impacto de bala, nada más”, describió la joven hermana de Rosenda.
Quieren justicia plena
Elizabeth Montenegro subrayó que, como víctimas indirectas del feminicidio de Rosenda, sus cuatro hijos son quienes más se encuentran en estado de indefensión; viven una doble victimización: la pérdida de su madre y el conocimiento de que el agresor y victimario es su padre.
Ante esto, hace un llamado a la Fiscalía General del Estado de Sinaloa y al Supremo Tribunal de Justicia de Sinaloa para que se aplique justicia con perspectiva de género y la pena máxima para su agresor.
Este llamado también fue realizado por la activista social Érika Acosta, quien está brindando acompañamiento a las víctimas con el fin de garantizar justicia plena, reparación del daño y protección para los hijos de Rosenda y su familia.
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