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ARTE URBANO

Culiacán se pinta de esperanza: artistas y ciudadanos convierten los muros en un grito de vida

En la capital sinaloense, incluso en los días más oscuros, siempre hay quien se atreve a pintar el mañana con todos los colores posibles

Los murales en Culiacán causaron asombro | Foto/Samuel Real

Culiacán, Sin. En Culiacán, cada muro parece hablar. A pesar de que el último año ha estado marcado por la violencia y la incertidumbre, las paredes de la ciudad han comenzado a llenarse de color, como una forma de resistencia pacífica y un llamado silencioso a no perder la fe. En medio del caos, la esperanza también ha encontrado dónde quedarse.

La ciudad, tantas veces nombrada en titulares por hechos de inseguridad, empieza a contar otra historia. Una que no niega lo que ocurre, pero que se aferra a lo que aún puede florecer. Y son los artistas urbanos, colectivos sociales, asociaciones civiles y ciudadanos de a pie quienes han convertido el concreto en lienzo y el miedo en mensaje.

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Sobre la avenida Álvaro Obregón, justo en el corazón del primer cuadro de la ciudad, se alza una imagen poderosa: una niña de ojos cerrados abraza con ternura un corazón rojo, mientras detrás de ella se dibuja el icónico Puente Negro, símbolo de la ciudad. Es un abrazo simbólico a Culiacán, a su historia, a su gente. El mural firmado por el artista Doctor Feis, parece susurrar que aún es posible sanar.

Más al sur, en el bulevar Emiliano Zapata, a un costado de una de las plazas comerciales más concurridas, otro mural nos lleva a viajar sin movernos. Un niño de camisa celeste lee recostado sobre el césped, con un libro abierto que lanza mariposas de luz al cielo nocturno. De fondo, un mar calmo y barquitos de papel acentúan la idea de que la imaginación —y la lectura— pueden salvarnos. Este mural no solo embellece el entorno urbano, sino que deja un mensaje claro: la niñez merece soñar en paz.

En Alturas del Sur, una de las zonas más golpeadas por la narrativa de la violencia, la sorpresa es doble. En la fachada lateral de un edificio multifamiliar, un mural enorme muestra a un grupo de niñas y niños jugando a “saltacharcos” y escuchando música. La escena, aparentemente simple, cobra un sentido profundo cuando se contrasta con el entorno: es un llamado visual a la normalidad, a la infancia que resiste, al derecho de jugar sin miedo. Es una pintura viva de lo que debería ser todos los días: tranquilidad.

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Estos murales no solo decoran la ciudad, la redefinen. Son testimonio de que hay personas que, lejos de rendirse, apuestan por la vida, por el arte, por el color. Cada pincelada en estos muros lleva consigo una declaraci

Fuente: Línea Directa.

Fotografía de perfil de Manuel Aceves

Manuel Aceves

Reportero

Manuel Aceves

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