Culiacán, Sinaloa. México enfrenta una problemática creciente en materia educativa y social ante el aumento de la violencia entre jóvenes, advirtió la Fundación Sociedad Educadora. En lo que va de 2026 el país acumula 17 tiroteos escolares en apenas cuatro meses, una cifra que, de mantenerse la tendencia, podría superar el récord registrado en 2025 que fue de 30 casos.
En Sinaloa el panorama también refleja señales de alerta. Durante 2024, un total de 445 adolescentes fueron imputados por diversos delitos. Además, entre septiembre de ese año y noviembre de 2025, 89 menores de entre 14 y 17 años fueron detenidos por conductas que van desde narcomenudeo hasta homicidio.
De acuerdo con la organización, el problema no se limita a la inseguridad pública, sino que tiene un trasfondo más profundo: la normalización de la violencia en la vida cotidiana de niños y adolescentes. Este fenómeno, advierten, influye directamente en la forma en que los jóvenes construyen su identidad, se relacionan con otros y perciben su entorno.
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“El problema no es solo de seguridad, es una crisis del desarrollo humano”, señaló Nilzy Angulo, al advertir que crecer en contextos violentos impacta en la conducta, la salud emocional y la visión de futuro de los adolescentes.
Datos del Índice Global de Probabilidad de Consumo (IGPC), elaborado por la propia organización, muestran un incremento sostenido en ansiedad, baja tolerancia a la frustración y dificultades en el manejo emocional entre jóvenes, factores que sin intervención oportuna pueden perpetuar el ciclo de la violencia.
La fundación subrayó que tanto la escuela como la familia enfrentan limitaciones cuando operan en entornos donde el Estado de derecho es débil y las políticas preventivas son insuficientes. Por ello, plantea la necesidad de un enfoque integral que incluya el fortalecimiento socioemocional, la educación en derechos y la reconstrucción de la confianza en las instituciones.
“La escuela no puede resolver sola lo que la sociedad construye colectivamente, pero sí puede ser el primer eslabón del cambio”, sostuvo Angulo.
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Actualmente, la Fundación Sociedad Educadora aplica este modelo en planteles de 10 municipios de Sinaloa, con resultados documentados, y hace un llamado a autoridades, medios de comunicación y sociedad civil para priorizar la prevención como eje central.
¿Cómo identificar señales de alerta en el comportamiento de los hijos que podrían indicar riesgos?
Detectar conductas de riesgo implica observar cambios sostenidos en su forma de ser: aislamiento repentino, irritabilidad constante, pérdida de interés en actividades que antes disfrutaban, bajo rendimiento escolar, conductas agresivas, consumo de sustancias o una necesidad marcada de validación en entornos conflictivos.
También es clave poner atención en cómo manejan la frustración, sus relaciones con otros y el contenido que consumen o comparten. Más que reaccionar con castigo, lo importante es abrir espacios de diálogo, generar confianza, y si es necesario buscar apoyo profesional para intervenir a tiempo y evitar que estas conductas escalen.
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