Guasave, Sinaloa. A 24 horas de que se oficializara la imposición del arancel del 17.09 por ciento al tomate mexicano, productores de hortalizas en Sinaloa enfrentan una etapa de incertidumbre y ajustes forzados en sus esquemas de planeación para la próxima temporada, señaló José Socorro Castro Gálvez.
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El productor de hortalizas en Guasave refirió que aunque la producción fuerte de tomate en el estado inicia en otoño, con siembras desde septiembre y cosechas entre diciembre y mayo, el impacto de la medida ya se refleja en las decisiones de quienes están por arrancar el nuevo ciclo agrícola.
“No nos agarró en plena producción, pero sí en el momento clave de la planeación. Este mes y parte de septiembre son cruciales para definir financiamientos, insumos, semillas y programas de siembra. Todo eso se mueve con base en los costos, y ahora ese arancel cambia las reglas del juego”, explicó.
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Castro Gálvez detalló que con la caducidad del acuerdo de suspensión el pasado 14 de julio, dejó de existir el mecanismo que protegía a los exportadores mexicanos mediante un precio mínimo, lo que permitió la entrada en vigor del arancel negociado desde 1996.
Actualmente, quienes enfrentan de forma directa los efectos de este nuevo contexto son los productores del Valle de San Quintín, Ensenada, Vizcaíno y San Felipe, en Baja California, quienes están en plena temporada alta.
“Me imagino que deben estar en reuniones intensas con agentes aduanales para ver cómo va a entrar su producto. A nosotros nos da un pequeño margen para reorganizarnos”, apuntó.
Otro factor de preocupación es la reacción del mercado estadounidense, ya que aún no está claro si el costo adicional será absorbido por los importadores o trasladado al consumidor final. Castro Gálvez señaló que hay incertidumbre sobre si la industria restaurantera aceptará un incremento del 17 por ciento en el precio del tomate o si optará por buscar opciones más baratas, aunque estas no necesariamente ofrezcan la misma calidad.
El productor enfatizó que el tomate no puede tratarse como un producto industrial cualquiera, pues no se le puede comparar con un fierro o aluminio. Recordó que se trata de un alimento fresco, perecedero y de consumo diario, que requiere una visión distinta en los procesos de negociación y en el comercio internacional.
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Finalmente, indicó que la industria tomatera en Sinaloa entra en una etapa de resiliencia y reflexión. Mencionó que la Comisión de Investigación de Hortalizas reconoció el reto histórico que enfrentan y expresó su esperanza de que las dependencias federales, como la Secretaría de Economía y la Secretaría de Agricultura, continúen abriendo canales de diálogo para proteger una actividad que es clave tanto para la economía mexicana como para la alimentación del vecino país.