México.- El consumo de marihuana recreativa entre adolescentes y jóvenes continúa siendo motivo de debate, especialmente ante la percepción de que se trata de una sustancia de bajo riesgo. No obstante, estudios recientes advierten que su uso en edades tempranas puede generar efectos negativos en la salud, el desarrollo cerebral y el desempeño escolar, incluso cuando no es diario.
Especialistas en salud señalan que el principal problema no es solo la cantidad que se consume, sino el momento en el que inicia. El cerebro humano sigue desarrollándose durante la adolescencia y los primeros años de la adultez, por lo que la exposición al cannabis puede interferir en funciones clave como la memoria, la atención y el control de impulsos.
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Desarrollo cerebral bajo riesgo
Investigaciones científicas han documentado que el THC, el componente psicoactivo de la marihuana, actúa directamente sobre áreas del cerebro que aún no han madurado por completo en los jóvenes. Esta interacción puede provocar dificultades para concentrarse, problemas de aprendizaje y una menor capacidad para tomar decisiones.
A diferencia de los adultos, los adolescentes presentan mayor vulnerabilidad a estos efectos, lo que incrementa la posibilidad de que las alteraciones cognitivas se mantengan a largo plazo.
Efectos en la escuela y la conducta
Otro punto de alerta es el impacto en el ámbito académico. Estudios han observado que jóvenes consumidores de mariguana registran menor rendimiento escolar, mayor ausentismo y baja motivación, lo que puede traducirse en rezago educativo o abandono escolar.
Además, el consumo frecuente puede influir en la conducta diaria, generando conflictos familiares, dificultades para cumplir responsabilidades y problemas de integración social, situaciones que suelen normalizarse cuando se percibe el uso recreativo como algo inofensivo.
Salud mental, una preocupación creciente
La evidencia científica también ha vinculado el consumo de marihuana en jóvenes con mayor riesgo de problemas de salud mental, como ansiedad, depresión y episodios psicóticos. Estos riesgos son más altos en adolescentes con antecedentes familiares o que inician el consumo a edades tempranas.
Especialistas advierten que las variedades actuales de cannabis, con mayores concentraciones de THC, pueden intensificar estos efectos y acelerar la aparición de síntomas.
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¿Existe un consumo “seguro” en adolescentes?
Aunque los daños más severos se asocian al uso constante, los estudios indican que el consumo ocasional tampoco está libre de riesgos, sobre todo cuando se repite durante etapas clave del desarrollo. Por ello, los expertos recomiendan evitar minimizar sus efectos en la población joven.
Prevención e información, la clave
Organismos de salud coinciden en que informar con claridad y fomentar el diálogo es fundamental para reducir riesgos. Más allá del debate legal, la recomendación general es retrasar lo más posible el inicio del consumo y promover decisiones informadas entre los jóvenes.