Dice el dirigente de la Federación de Cooperativas Pesqueras de Guasave, Raúl Leal, que el gobierno se está encargando de sepultar la actividad mediante la desaparición de diversos programas de apoyo.
Muchas de las restricciones en apoyos el gremio se las ha ganado a pulso, lo que justifica que el gobierno federal modifique estrategias en la entrega de apoyos, pero no cercenar de tajo programas que para los auténticos pescadores son esenciales.
La pesca atraviesa desde hace varios años por serios problemas. Se han conjugado diversos factores, desde los de carácter natural hasta los políticos, con el grave ingrediente de la seria corrupción en todos los niveles.
Cada año, por ejemplo, en el inicio de la captura de camarón los hombres del mar salen con la ilusión de que la pesca sea abundante, que les permita recuperar la inversión realizada en los preparativos de sus equipos, y salir de las deudas acumuladas, pero se topan invariablemente con la realidad: no hay producto.
Ya son cuando menos dos décadas que inició un evidente deterioro de la actividad pesquera, y con ello el agravamiento de la problemática de las comunidades costeras, en todos los sentidos. Desempleo, drogadicción, alcoholismo e inseguridad, han llegado y se han agudizado junto con la crisis pesquera.
Hay muchos responsables en todo esto. Hace algunos años, en plena abundancia de todas las especies, los pescadores, sus líderes, los intermediarios y muchos funcionarios de dependencias de gobierno relacionadas con la actividad, parece que pensaban que la riqueza del mar era infinita, que hicieran lo que hicieran nunca acabaría. Estaban equivocados.
La corrupción de muchos dirigentes pesqueros, confabulados con esos malos funcionarios e intermediarios voraces, acabaron con la bonanza.
También han pagado los costos del uso de artes de pesca prohibidas, vedas violadas, pesca furtiva, y muchos otros excesos que se permitieron, toleraron y practicaron.
Creo que el gobierno federal debe mantener los programas de apoyo, rediseñar los mecanismos de la distribución de los mismos, pero no abandonar a su suerte la actividad.
Son miles de familias en más de 60 comunidades pesqueras a lo largo de la costa sinaloense, que padecerían de forma más severa los problemas sociales que ya sufren, si no se les ayuda.