Es increíble lo que sucede en la Universidad Autónoma de Sinaloa. Es una historia digna de Samuel Becket y el teatro de lo absurdo. Es un cuento bizarro, kafkiano con toques de terror lovecraftquianos. Para todos aquellos lectores que no están enterados de la situación o lectores de otras latitudes me permito realizar un pequeño resumen.
Hace algunos meses atrás, funcionarios de la Universidad Autónoma de Sinaloa fueron acusados por autorizar compras irregulares por cerca de los 500 MDP. Según algunas auditorías fueron detectadas adjudicaciones directas y a sobreprecio de algunos productos y/o servicios. Esto fue llevado a juicio. En aquellos tiempos, autoridades universitarias y funcionarios del gobierno estatal se encontraban en pugna. Eran enemigos jurados.
Por situaciones propias de la política mexicana, las partes se contentaron y llegaron a acuerdos. La justicia, una vez más, fue sometida a acuerdos en mesas de negación desde las oficinas de la SEGOB como mandatan los libritos priyistas del más rancio momento del régimen tricolor, pero ahora ejecutado por sus descendientes morenistas.
La justicia sinaloense decidió dar carpetazo al asunto aceptando que los imputados regresaran únicamente la módica cantidad de 20 MDP. Buen negocio eso de ser acusado por 500 MDP, pero solo regresar menos del 10%. Desde ahí comienzan los disparates. Los miembros del comité de adquisiciones aceptaron modosamente asumir la culpa y pagar la cantidad solicitada. Parecía que el asunto llegaría a su fin. Una vez más, la justicia es negociada por políticos y meses de conflictos serían enterrados bajo las percudidas alfombras de los acuerdos; sin embargo, el absurdo apenas comenzaba.
En términos legales, los acusados aceptaron su culpabilidad. No hay mucho que averiguar del asunto. O son corruptos o son ineptos. No hay de otra. La aceptación de regresar 20 MDP implica, al menos ante las leyes, su plena culpabilidad, pero los políticos uaseños no se conformaron con quedarse con la deshonra y el ridículo. Decidieron doblar la apuesta.
De entrada, no fueron destituidos por sus fallas o por corrupción. Siguen tan campantes como siempre. Evidentemente las cosas no iban a quedar así nada más. Tenían que arrastrar a la comunidad universitaria a sus miserias y repartir parte de la culpa. A algún genio o genia se le ocurrió la brillante idea de realizar una coperacha entre la comunidad universitaria para recaudar los 20 MDP. Van a pasar la charola (cómo se dice vulgarmente), pero no crea usted que van a botear en los semáforos. Hay cuotas establecidas para los trabajadores universitarios. Se les están pidiendo de manera “voluntaria” realizar donaciones por encima de los mil pesos y el cielo es el límite.
Las barrabasadas continúan. En lo que es una sentencia en contra de particulares por alguna extraña manera, la UAS asumió institucionalmente la tarea de abrir cuentas para recaudar el dinero. No son los particulares. Es la propia administración universitaria quien encabeza los esfuerzos de rebabar la mayor cantidad posible en el Tranzatón para “apoyar” a los funcionarios que hicieron mal manejo de los recursos.
En pocas palabras: Unas personas fueron acusadas de hacer mal uso de recursos de la UAS, los acusados aceptan la culpa y piden a la UAS que sea la institución encargada de organizar el Tranzatón para recuperar una pequeña parte de lo que fue utilizado de manera ilegal en perjuicio de la institución. Genuinamente eso parece un sketch de Chespirito. No hay otra forma de analizar eso.
Al parecer, los mexicanos y sinaloenses somos adictos a simular. En este país se pueden desviar 500 MDP, aceptar una parte de la culpa y distribuir el castigo entre terceros. Todo eso se puede porque somos una sociedad altamente permisiva. En una sociedad avanzada todos los involucrados en esa historia ridícula ya hubieran sido retirados de sus cargos o estuvieran probándose trajes a rayas. Es extraordinaria la capacidad que tenemos de aceptar las historias ridículas de políticos o funcionarios corruptos. Nos reímos, pero no exigimos; por eso nos pasa lo que nos pasa.
La vida pública de los sinaloenses y la propia universidad no debería pasar por historias tan corrientes y vulgares como la organización de un Tranzatón. Si los funcionarios universitarios aceptaron la culpa, ellos tienen que asumir plena responsabilidad; de lo contrario, si son inocentes, no hubieran aceptado el trato de regresar 20 MDP. Todo lo hicieron mal y la comunidad universitaria tendrá que pagar muy caro por el boleto de ese circo de tres pesos.
¿Usted qué opina, amable lector? ¿Cuánto está dispuesto a aportar al Tranzatón?