No es fácil escribir de calma cuando la realidad nos sacude a gritos.
Los últimos días han vuelto a recordarnos que la crisis de seguridad no da tregua. En la zona sur del estado, los enfrentamientos entre grupos criminales se han recrudecido; las ejecuciones siguen marcando la agenda diaria; en Culiacán, casas baleadas y vandalizadas vuelven a ser postal cotidiana; y otra vez, circular por las carreteras implica medir riesgos, mirar dos veces, encomendarse.
Vivimos en estado de alerta permanente. Con el miedo instalado en la rutina. Con el ánimo cansado. Con la pregunta constante de hasta cuándo.
Y, aun así, aquí estamos.
Por eso hoy vale la pena detenernos un momento. Tomar un respiro. No para negar la realidad -sería irresponsable- sino para no dejar que nos arrebate lo más importante: la vida que todavía late, los afectos que sostienen, la posibilidad de agradecer.
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Esta Navidad llega después de meses difíciles. Meses de miedo, de desgaste, de seguir adelante aun cuando el ánimo no alcanzaba. Pero si hoy estás aquí, si lees estas palabras, si escuchas la radio o compartes el momento con los tuyos, incluso en silencio, hay algo esencial que no debemos olvidar: sigues con vida.
Y en el contexto que estamos viviendo, eso no es poca cosa. Es, en sí mismo, una victoria.
Agradecer no es conformarse. No es resignación. Es reconocer que, pese a todo, seguimos aquí. Que hay hijos, nietos, parejas, amigos que necesitan nuestro abrazo. Que el vínculo familiar -tan golpeado por la prisa, el estrés y el miedo- hoy es más necesario que nunca.
Abrazar no es un gesto menor. Es un acto de resistencia. Es decirle al otro: seguimos juntos, seguimos cuidándonos, seguimos apostando por la vida.
Tal vez esta Navidad no sea de grandes celebraciones ni de excesos. Quizá sea, más bien, una Navidad de conciencia. De mesas más sencillas, de conversaciones más profundas, de silencios compartidos. De cuidar la vida, empezando por la nuestra y la de quienes amamos.
Creer que vendrán tiempos mejores no es ingenuidad; es una necesidad emocional para no quebrarnos por dentro. Es sembrar esperanza aun cuando el terreno parece árido.
Desde Línea Directa y RSN, hoy queremos decirte gracias. Gracias por seguir. Gracias por confiar. Gracias por acompañándonos, incluso en los días más difíciles.
Porque, al final, el hecho de seguir aquí, en medio de todo, también es una forma de esperanza.