En Sinaloa hay familias que no están pensando en vacaciones, lujos o compras extraordinarias. Están pensando cómo van a pagar el recibo de la luz.
Y no es exageración. En muchos hogares, los consumos que históricamente rondaban entre 2 mil 500 y 3 mil pesos, este año se dispararon hasta 14 mil pesos o más. La razón tiene nombre: temperaturas extremas desde abril, antes de que iniciara el subsidio de verano de la tarifa 1F de la Comisión Federal de Electricidad.
La situación dejó de ser un asunto administrativo para convertirse en un problema social y económico urgente.
En el noroeste del país, y particularmente en Sinaloa, el aire acondicionado ya no es un lujo, es servicio básico frente a olas de calor cada vez más intensas y prolongadas. El cambio climático modificó la realidad, pero las reglas del subsidio siguen ancladas al pasado.
Miles de usuarios enfrentan recibos imposibles de pagar. Familias completas quedaron atrapadas entre la necesidad de protegerse del calor y tarifas que simplemente rebasaron cualquier capacidad económica. Lo más delicado es que el plazo para pagar los consumos de abril está por vencerse.
Por eso la gestión que encabeza la gobernadora Yeraldine Bonilla cobra relevancia inmediata. La petición de ampliar el subsidio de la tarifa 1F a partir de abril no es un tema político ni un discurso de temporada, es una necesidad urgente para evitar que miles de hogares entren en crisis financiera.
La Comisión Federal de Electricidad tiene, al menos, dos caminos para atender la emergencia.
El primero, y el más inmediato, sería reconsiderar la facturación de los recibos emitidos durante abril, aplicando criterios extraordinarios derivados de las condiciones climáticas atípicas. Una alternativa viable sería calcular un promedio basado en el consumo histórico de los últimos tres años durante ese mismo periodo, evitando cobros desproporcionados que hoy resultan impagables para muchas familias.
El segundo escenario corresponde al mediano plazo y requiere una decisión de fondo del Gobierno Federal: autorizar que el subsidio de verano para Sinaloa inicie desde abril y no hasta mayo. La realidad climática ya rebasó el calendario actual. El calor llegó antes y con más intensidad. La política pública tiene que adaptarse a esa nueva realidad.
La discusión de fondo ya no es si el subsidio debe ampliarse, sino cuánto tiempo más puede resistir una familia pagando tarifas diseñadas para un clima que ya cambió.
Sinaloa necesita una respuesta rápida, sensible y técnica. No se trata de fomentar el no pago ni de politizar el tema. Se trata de entender que detrás de cada recibo hay hogares intentando sobrevivir a temperaturas extremas en una de las regiones más calurosas del país.