El pasado primero de octubre inició el segundo año de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo (CSP). La gestión de la primera mujer que ocupa la Presidencia de la República avanza enfrentando complicadas herencias; una relación problemática en la relación con el Gobierno de Estados Unidos, y una agenda interna que impone verdaderos retos al país.
Una gran parte del primer año de gobierno se consumió atendiendo las dificultades que ha traído consigo la política arancelaria del presidente Trump. En términos generales se ha podido desahogar bien estas circunstancias. Al día de hoy el 83 % de las exportaciones mexicanas ingresan al mercado estadounidense sin pagar aranceles. Nuestro país se está consolidando como el primer socio comercial de EU. Ya inició el proceso formal de renegociación del TMEC y en este camino por delante posiblemente se tendrá que acordar la reducción del superávit comercial que tenemos con esa nación, que asciende a 170 mil millones de dólares.
El tema de la seguridad pública seguirá siendo una asignatura complicada. La Casa Blanca ha calificado a siete cárteles mexicanos como organizaciones terroristas y ello tiene implicaciones legales realmente comprometedoras. A partir de los juicios que ahora enfrentan importantes personajes de la delincuencia organizada en los tribunales de EU, podrían surgir elementos que pueden colocar en un fuerte predicamento a algunos integrantes de la clase política, empresarios y autoridades mexicanas.
La corrupción gubernamental se ha vuelto a colocar como uno de los asuntos más difíciles del país. En la encuesta que hace unos días publicó el periódico El Financiero, se establece que el 70 % de la población ya reprueba al gobierno de Claudia Sheinbaum en este tema. En el sexenio pasado no se resolvió el fraude denunciado en Segalmex, que fue por 15 mil millones de pesos. En los meses recientes ha surgido el mayúsculo escándalo del huachicol fiscal, que compromete el legado y la imagen del sexenio de AMLO. La Procuraduría Fiscal de la Federación ha cuantificado en 600 mil millones de pesos el daño generado a la hacienda pública. Sin duda, estamos ante el caso de corrupción más grande en la historia reciente de México. La forma como resuelva la presidenta Sheinbaum este delicado asunto definirá en mucho el rumbo de su gobierno en los próximos años, una buena parte de la credibilidad y el prestigio de su gestión.
La debilidad en materia de crecimiento económico y en las finanzas públicas representa otro reto inaplazable. Las tendencias para el cierre del 2025 y los pronósticos para el próximo año anticipan tasas de crecimiento del PIB por abajo del 1 por ciento. La economía mexicana no puede seguir así. En este momento otros países como India e Indonesia crecen a un ritmo del 6 por ciento; China registra una expectativa del 5 %; al igual que la Argentina de Javier Milei.
Las finanzas públicas ya no dan para más. Ya no se puede seguir aplazando la reforma fiscal que nos urge. En México no hay dinero público para atender y mejorar la educación, al sector salud, para fortalecer a las policías locales, al campo, apoyar más a los estados y municipios, mantener y ampliar la infraestructura básica. El actual ritmo de endeudamiento público es insostenible y por más exitosos que sean los resultados del SAT no alcanza la recaudación tributaria para atender las urgencias del desarrollo nacional.
Desde este espacio hacemos votos y esperamos que la presidenta Sheinbaum encuentre las condiciones necesarias y tenga la total determinación para enfrentar y resolver estos serios desafíos. El tiempo lo dirá.