Pretextos y conveniencias

El Partido Sinaloense por sí solo es muy difícil que gane la gubernatura, pero es seguro que puede ser la llave para que cualquiera de las dos grandes alianzas que participarán, una encabezada por Morena y la otra por el PRI, alcancen el triunfo.

En las elecciones locales de 2016, uno de cada cuatro votantes en Sinaloa lo hizo por el PAS, lo que lo colocó como indiscutible segunda fuerza política estatal, desbancando al Partido Acción Nacional. Estamos hablando de alrededor de 250 mil sufragios.

En 2018 a todos les fue mal, menos a Morena, pero aún así el PAS alcanzó cerca de los cien mil votos.

El partido fundado por Héctor Melesio Cuén es el que más trabaja todo el año, haya o no elecciones, y es el único que cuenta con una militancia fiel y una dirección vertical que facilita alianzas formales y de facto.

Por eso hay cosas que no se explican con claridad, como la postura asumida por varios “notables” morenistas que el fin de semana pasado se pronunciaron en contra de posibles acuerdos electorales de su partido con el PAS, bajo dudosos argumentos.

Veamos. En conferencia de prensa la senadora Imelda Castro Castro pidió a la dirigencia de Morena que se detengan las negociaciones con el PAS porque, dijo, no pueden admitir aliados que sean la negación de la esencia del Movimiento de Regeneración Nacional y no serían congruentes.

El argumento cae por su propio peso. ¿El Partido Verde, con el que Morena mantiene una alianza formal, sí coincide con la esencia de Morena? ¿No es el partido que ellos mismos, los morenistas, han señalado una y otra vez de corrupto, vendido y parte de la “mafia del poder”? Si el Partido Verde es igual que el PAS, como lo han dicho ¿son congruentes al tenerlo como aliado?

Por su parte, la diputada federal Yadira Santiago Marcos dijo que de hacer una alianza con el PAS, estarían aprobando la corrupción que durante años ha rodeado al partido y a su líder Héctor Melesio Cuén Ojeda.

Bien. ¿Acaso Morena no permitió la participación de Gerardo Vargas como su precandidato a gobernador, admitiéndolo como uno de los suyos, pese a haberlo acusado, muchos morenistas, de haber sido parte activa de un gobierno corrupto, aunque a éste formalmente nada se le haya probado y mantenga todos sus derechos ciudadanos a salvo?

¿Y por qué no ir con Cuén que al igual que a Gerardo han acusado de corrupto, pero tampoco le han demostrado nada, no tiene procesos legales en contra por ello, y también mantiene todos sus derechos a salvo?

Dos cosas. Tratan de poner obstáculos en el camino de Rubén Rocha Moya o no están dispuestos a ceder posiciones que necesariamente tendrían que entregarse al PAS dentro de los acuerdos, como por ejemplo la candidatura a algunas alcaldías, entre ellas la de Culiacán, además, varios distritos locales.

Se entiende la histórica confrontación de los ahora detractores de Cuén Ojeda, que en mucho viene desde la época de rector de éste en la UAS, que pudiera ser otra explicación, pero parece que más que pretextos de peso para negarse a esa alianza, son las conveniencias las que generan la denostación.

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