Uno de los ejemplos más interesantes de lo que algunos gobiernos están haciendo para incrementar el wellbeing, la felicidad y el bienestar de las personas, es el de Bután, un pequeño reino budista enclavado en la cima del Himalaya, entre India y China. A diferencia del resto del mundo, ellos no miden su éxito económico con base en el Producto Interno Bruto (PIB), sino en el “Producto Interno de la Felicidad”.
Bután no busca atraer turismo masivo; su enfoque está en la armonía espiritual. Incluso cuenta con un ministerio que evalúa si las políticas públicas contribuyen —o no— a aumentar la felicidad de las personas. Nueva Zelanda ha seguido un camino similar: ahí, los proyectos de ley son analizados en función de su impacto en el bienestar de la población.
Clases de felicidad en las escuelas
Uno de los ámbitos donde más se refleja esta visión es en la educación. En India, por ejemplo, todas las escuelas públicas de Nueva Delhi tienen una hora diaria obligatoria dedicada a la felicidad.
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El periodista Andrés Oppenheimer ha relatado en diversas ocasiones su experiencia al asistir a una de estas clases en Bután. Antes de presenciarlas, pensaba que se trataba de actividades ligeras, similares a las clases de música de su infancia. Sin embargo, descubrió algo más profundo: los lunes se practica meditación; niñas y niños comienzan a hacerlo desde los cinco años. Los martes, por ejemplo, se imparten clases sobre la tolerancia al fracaso.
El impacto de las redes sociales
En tiempos en que las redes sociales están asociadas a un aumento en los casos de depresión infantil y adolescente, estas clases tienen un enfoque práctico. Los maestros utilizan historias reales de figuras públicas que los niños conocen.
Un ejemplo claro es la historia del futbolista Lionel Messi en el Copa Mundial de Fútbol de 2022. Llegó invicto con 36 partidos con la selección de Argentina, pero en el debut perdieron contra Arabia Saudita. Fue una derrota dolorosa. En rueda de prensa, Messi reconoció el golpe, pero habló de pasar la página y confiar en el equipo. Al final, Argentina ganó el Mundial.
En clase, se abre un debate: cada alumno reflexiona sobre sus fracasos personales y cómo los enfrentó. Para la siguiente sesión, deben escribir una composición titulada “Mi fracaso y cómo lo superé”. La semana siguiente, se analiza la trayectoria del basquetbolista Michael Jordan. Así, los estudiantes aprenden que fracasar es parte de la vida y que lo importante es levantarse.
Clases contra la corrupción en Nigeria
En Nigeria, las escuelas tienen clases contra la corrupción. No son teóricas ni abstractas: se plantean situaciones cotidianas que los niños pueden entender.
Por ejemplo, una maestra pregunta: “Si mi hija está en mi clase, ¿puedo ser justa al calificarla?”. Otro caso: “Si el árbitro de un partido de futbol es el papá de uno de los jugadores, ¿puede ser imparcial?”. Con ejemplos simples, se enseña a identificar conflictos de interés y a valorar la honestidad.
Lecciones para México
Estos ejemplos demuestran que es posible aplicar estrategias similares en el contexto mexicano para fortalecer la educación en valores desde temprana edad: tolerancia, ética, honestidad, disciplina y resiliencia.
La educación no solo debe centrarse en conocimientos académicos, sino también en preparar a niñas y niños para afrontar los retos de la vida. Con ejemplos claros y prácticos, se pueden formar generaciones más fuertes, empáticas y comprometidas con una mejor sociedad.