El nuevo año asoma presentando un horizonte nublado, complejo y de riesgos crecientes. El 2026 inició con un verdadero terremoto geopolítico, registrando la captura del presidente Maduro mediante una intervención militar estadounidense en territorio venezolano. Esto plantea un escenario externo de gran incertidumbre y retos para nuestro país. Junto a ello, en el frente interno seguimos arrastrando inercias y debilidad. Lo más preocupante es que no se toman las decisiones para impulsar verdaderos cambios de fondo y, a la vez, se anuncian otras que pueden profundizar la polarización política. Pareciera que se está perdiendo el sentido de futuro.
El 2026 puede ser el octavo año en que México crecerá por debajo de su potencial. A la espera de los resultados definitivos, se anticipa que el PIB cerró el año pasado con un magro crecimiento del 0.5 por ciento. Por esta razón, la generación del empleo formal fue sumamente limitada. Como país necesitamos crear 1 millón 200 nuevas plazas formales por año, para así incorporar a los jóvenes que buscan oportunidades en el mercado de trabajo. Sin embargo, durante el 2025 solo se generaron 279 mil plazas adicionales, esto es, apenas un 23 por ciento de lo que se necesita. Como nación estamos desperdiciando un valioso bono demográfico y lo que más crece es el trabajo informal. Para el año que inicia las expectativas del sector privado esperan un mediocre crecimiento del 1.3 por ciento. En las previsiones de la Comisión Económica para América Latina, la Cepal, se advierte que seremos una de las economías con menor crecimiento del subcontinente, superando solamente los penosos casos de Cuba y Haití.
En materia de finanzas públicas, las cosas no parecen encaminarse de la mejor manera. Durante el primer año del gobierno de la presidenta Sheinbaum se incumplió con el compromiso de reducir el déficit presupuestal, el exceso de gasto público. Al cierre del sexenio del presidente AMLO, este déficit alcanzó el 6.1 por ciento como proporción del PIB y fue el más alto registrado durante las últimas tres décadas. En el 2025, la SHCP no pudo cumplir con un ajuste fiscal a fondo, que disminuyera este déficit a un 3.9 por ciento. Entre otros problemas, ello inevitablemente nos conducirá hacia un mayor endeudamiento público. Para el 2026, el presupuesto de egresos de la federación será de 10.1 billones de pesos y, para poder financiarlo, el Congreso de la Unión le autorizó al gobierno de México poder contratar más deuda, esto es, 1.8 billones de deuda interna y adicionalmente deuda externa por 15, 500 millones de dólares.
Pero en estos momentos, los retos y la incertidumbre más grande para México provienen con mayor fuerza del exterior. Este 2026 se renegociará el TMEC, el neoliberal tratado de libre comercio que resulta vital para la estabilidad y futuro de nuestra economía.
Esta revisión se puede tornar más complicada de lo que ya ha sido. Ante un escenario tan complejo, habrá que revisar, con sumo realismo, las nuevas circunstancias prevalecientes. Las posiciones del Palacio Nacional condenando la detención y el arresto del presidente venezolano podrían tener consecuencias desfavorables para nuestro país. La presión de la Casa Blanca ahora apunta hacia Cuba y, en este contexto, el de México se ha convertido en el único gobierno que está suministrando petróleo a la anquilosada dictadura castrista. Habrá que tener un total cuidado con las decisiones que se tomen en el frente externo, más en estos días, donde el presidente Trump amenaza con una intervención militar en México para enfrentar a los carteles del narcotráfico.
Ante la erosión creciente del derecho internacional y la cancelación del multilateralismo, se requieren verdaderas decisiones estratégicas. En estos tiempos nublados ya no basta con citar a la Doctrina Estrada, evocar a Bolívar y a Lincoln o recordar el memorable apotegma de Benito Juárez. En estas horas y días aciagos, México requiere del máximo talento político, tomar decisiones con el mejor pragmatismo, que nos permitan salir adelante. Anclarse en la ideología podría ser sumamente riesgoso, potencialmente catastrófico.