El “Encanto” parece haber terminado en Mazatlán. Y no me refiero específicamente al nombre del estadio donde los “Cañoneros” del puerto realizan sus partidos de la Liga MX, cuyo circuito habrá de desaparecer para la afición de esa ciudad si se confirma en los próximos días la venta del equipo, cuyo destino sería la capital del país bajo el nombre del Atlante.
Las malas temporadas y pésima asistencia al inmueble podrían ser las causas verdaderas que obligan a sus dueños a emigrar. Sin embargo, se cree que la más sólida es la millonaria deuda que su principal accionista Ricardo Salinas Pliego tiene con el fisco, una razón más que convincente para sumar liquidez.
Mazatlán se convirtió en plaza de primera división en el 2020 cuando el “Tío Richi” mudó al Monarcas Morelia al puerto, encontrando en su primer año un apoyo total como el amor a primera vista. Pero los resultados posteriores no fueron tan halagadores ni suficientes para eludir números rojos, por lo que la venta se comenzó a gestar luego de perder la paciencia.
Los 10 torneos cortos que Cañoneros realizó en la Perla del Pacífico no fueron como para enmarcarlos. El equipo jamás accedió a una liguilla (cuartos de final), pero en cambio navegó algunas campañas sobre aguas turbulentas con el tema de la porcentual que lo llevó incluso a pagar una multa para no descender.
En otras circunstancias, Mazatlán sería en este momento un equipo de la Liga de Ascenso y sin mucho valor comercial para un comprador.
Los reportes que fluyen aseguran que Salinas Pliego aceptó una oferta de 65 millones de dólares por la venta al Atlante, cuya organización regresará al máximo circuito no de forma tradicional, sino ocupando el espacio de un equipo ya establecido.
Como en muchas plazas del país, las asistencias más importantes que Cañoneros registró en su corto historial las provocaron las visitas de América y Chivas, y en menor escala equipos como Cruz Azul y Pumas.
La partida del equipo representa un golpe muy fuerte a la imagen del estado, pero también a una inversión para la construcción del estadio que ahora se convertirá en otro elefante blanco como el de Culiacán, después de que los Dorados emigraron a Tijuana, dicen algunos, por el problema de la inseguridad que desde hace más de un año existe en Sinaloa.
La venta también golpeará muy fuerte a la economía que se movía alrededor de sus juegos como hoteles, restaurantes y comercios informales cercanos al inmueble.
Al final de cuentas las consecuencias de esta venta se producen como resultado de una mala planeación, poco interés de inversión para un producto que fue poco a poco desdeñado por el aficionado que tuvo el sueño y vivió la visión de contar con una escuadra que les brindara mejores satisfacciones.