México se colocó en el ojo del huracán tras los recientes hechos violentos en Jalisco que detonaron en la captura y muerte del líder de un poderoso cártel. De inmediato surgieron las especulaciones sobre lo que pudiera determinar la FIFA, si quitarle o no la sede compartida del Mundial a nuestro país, cuando estamos a cien días de que comience a rodar el balón.
Pero, tranquilos. El órgano rector del futbol en el planeta le concedió todo el apoyo, pidiendo para ello redoblar la seguridad tanto para los jugadores como para los miles de fanáticos que vendrán de diversos países para apoyar a sus respectivas selecciones.
Y ahora se presenta otro pero: Estados Unidos.
Para la FIFA el país sede original y fuerte son los norteamericanos que la comparten con México y Canadá. El panorama geopolítico actual, marcado por el conflicto bélico entre los estadounidenses e Israel contra Irán, ha colocado a la FIFA en una posición extremadamente delicada a horas de que suene el primer silbatazo.
Históricamente la Federación Internacional de Futbol Asociación intenta separar su deporte de la política (como se vio en Qatar 2022), pero la magnitud de este conflicto es distinta: es la primera vez que un anfitrión está en guerra abierta con un país participante.
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De aplicar sus reglas sin titubeos ¿a quién tendría que expulsar la FIFA con este nuevo acontecimiento? Si la guerra escala, es probable que el organismo opte por la “suspensión” de Irán, bajo el argumento de la “imposibilidad de garantizar la seguridad del evento. Esto le permitiría a la organización proteger comercialmente el torneo en suelo norteamericano y sin entrar en una batalla legal directa con el tema de las visas.
Existen reportes de que delegados y miembros del cuerpo técnico de Irán ya han tenido dificultades para obtener visas estadounidenses. Si el gobierno de EU decide bloquear formalmente la entrada del equipo, la FIFA enfrentaría una crisis de soberanía deportiva.
Entonces, la incertidumbre en estos momentos es de Irán, que calificó al Mundial y tiene programados sus partidos de fase de grupos en Los Ángeles y Seattle. La situación se ha puesto crítica. En su postura, el presidente de la Federación iraní ha declarado que es difícil mirar el Mundial “con esperanza” tras los ataques, lo que ha provocado la suspensión de la liga local y de que algunos jugadores extranjeros hayan decidido abandonar el país.
¿Retirada o exclusión? La FIFA tiene “discreción absoluta” para decidir qué hacer en caso de que eso pudiera suceder, y estos son los escenarios sobre las acciones probables: la primera, que en una retirada voluntaria la FIFA aplicaría multas se varios miles de dólares y la pérdida de los 10.5 millones garantizados por participar, además de suspenderlos para el Mundial 2030, segunda, que el reglamento le permite a la Federación invitar de emergencia a otra selección.
Este tema del conflicto no solo afecta a Irán; la estabilidad de todo el torneo está bajo la lupa. Ciudades como Los Ángeles tienen grandes comunidades de iraníes dispersados en toda el área. Un juego de esa selección en suelo estadounidense en pleno problema bélico es considerado de alto riesgo.
Y aunque el conflicto es principalmente de Estados Unidos, el efecto en México y Canadá la psicosis de seguridad ha provocado una caída en el precio de las entradas. No hay que olvidar que nuestro país enfrenta sus propios retos, sobre todo en Guadalajara que complican el panorama general del torneo.