En la columna anterior comentamos lo que en Sinaloa no es ningún secreto: la verdadera contienda rumbo a 2027 no será entre Morena y la oposición, sino al interior del propio partido en el poder. Todos saben que ahí —en la definición de la candidatura— estará puesto el reflector político en los próximos dos años.
Lo primero que deberá resolver la dirigencia nacional de Morena es una decisión estratégica: ¿la candidatura al Gobierno de Sinaloa será para un hombre o para una mujer? A partir de esa definición se acomodarán piezas, alianzas y resistencias internas.
Los nombres sobre la mesa
El partido guinda cuenta con un amplio inventario de perfiles con posibilidades reales.
Entre las mujeres destacan:
• La senadora Imelda Castro, con reconocida trayectoria y experiencia legislativa.
• La diputada local Tere Guerra, con destacada presencia en temas de derechos y género.
• La alcaldesa de Mazatlán, Estrella Palacios, con carisma y empatía en el ámbito local.
• La diputada federal Graciela Domínguez, con cercanía al actual proyecto político estatal.
Entre los hombres aparecen nombres de alto perfil político:
• El senador Enrique Inzunza, identificado como uno de los hombres más cercanos al gobernador.
• El alcalde de Culiacán, Juan De Dios Gámez, con amplia base territorial y arraigo en Morena.
• El secretario General de Gobierno, Feliciano Castro, con larga trayectoria en la izquierda sinaloense.
El reloj político
Aunque falta un largo tramo, la definición se dará a finales de 2026, o más probablemente en las primeras semanas de 2027. Y si bien Morena llega como el partido con mayor fuerza electoral en Sinaloa, eso no significa que el triunfo está garantizado. La elección se ganará no solo con estructura ni con la marca, sino con un perfil que conecte con las bases.
Unidad, la prueba más difícil
El gran reto para Morena no será encontrar nombres, sino mantener la unidad interna. Los grupos deberán conciliar intereses si quieren evitar fracturas que, en política, suelen costar caro. El o la candidata que surja tendrá que llegar con humildad, sencillez y oficio político para empatizar con la militancia.
La oposición local está desarticulada, sin cuadros fuertes ni estructura competitiva. Pero eso no significa que Morena se pueda confiar. En política, los triunfos automáticos no existen. Un error de cálculo en la sucesión interna podría convertir una contienda aparentemente cómoda en una carrera cerrada.
La ruta rumbo a 2027 ya está trazada. Lo que aún no está definido es quién logrará recorrerla con la fuerza suficiente para llegar a la meta.