A siete días de que ruede el balón en el Estadio Azteca para inaugurar la Copa del Mundo 2026, la selección mexicana cumplió con el trámite, y de paso, desató la fiesta. El 5-1 definitivo ante Serbia en Toluca no solo maquilla las dudas que han acompañado todo este proceso, sino que inyecta una dosis de optimismo que el entorno nacional necesitaba con urgencia.
El inicio del encuentro trajo los viejos fantasmas de la desconcentración defensiva; un error temprano permitió que Petar Stanic adelantara a los europeos. Sin embargo, si algo demostró el Tri fue resiliencia y oficio en el pizarrón de la mano del cuerpo técnico.
Hubo esa capacidad de respuesta y pegada oportunista.
Johan Vásquez se convirtió en un factor importante. Volvió a vestirse de líder anotando por segundo partido consecutivo para poner el empate con un testarazo implacable. Hoy por hoy, el central es inamovible.
La jerarquía de Raúl Jiménez se hizo presente. Entró enchufado, generó peligro y mandó a guardar el tercer gol de la noche, con el que igualó la histórica marca del sinaloense Jared Borgetti con 46 goles en selección, levantando con ello la mano con mucha fuerza para ser el “9” titular.
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El equipo mostró contundencia, pero también con una dosis de fortuna. Aunque Serbia ayudó con dos autogoles grotescos que sentenciaron el partido, México no dejó de asfixiar por las bandas. El cerrojo con broche de oro lo puso Luis Chávez, que firmó una joya con un disparo al ángulo en los minutos finales.
Después de esto, nos preguntamos todos sobre las expectativas del equipo: ¿En realidad estamos listos para el debut y hacer un gran papel?
Con tres victorias al hilo en el cierre de la preparación (sobre Ghana, Australia y Serbia), México llegará con el ánimo a tope para encarar el partido inaugural contra Sudáfrica el próximo jueves.
Y a pesar de la abultada goleada, el análisis debe ser frío: Serbia llegó a este compromiso eliminada del Mundial y con los brazos caídos tras encajar derrotas recientes. Lo valioso para el cuadro nacional no es el marcador de escándalo, sino el funcionamiento colectivo y el ritmo competitivo con el que Aguirre logró administrar las cargas físicas de sus jugadores estelares justo a tiempo.
El partido ayudó además al técnico a definir un posible cuadro titular. Tras un proceso lleno de experimentos, relevos generacionales y el regreso de las vacas sagradas, la alineación en Toluca dejó ver con muchísima claridad la “versión titularísima” que Javier Aguirre plasmará en la Copa del Mundo jugando bajo un sólido 4-4-3.
¡Que empiece pues, la fiesta universal!