Murió Ángel Macías la noche del domingo. Se convirtió en un ícono de la pelota profesional en México en la década de los 60´s y 70´s, y se le recuerda por su Juego Perfecto que lanzó en 1957 en el Mundial de Pequeñas Ligas de Williamsport, hazaña que dio paso a una exitosa película que tal vez muchos de ustedes ya la conocen.
Tuve el privilegio de verlo defender la casaca de los Tomateros de Culiacán, equipo para el cual jugó cinco temporadas. Fue en aquella época en la que, siendo prácticamente un niño, desafié a mis padres “fugándome” por las tardes noches a “bardear” pagando 20 centavos a los propietarios de los negocios que existen todavía atrás del estadio.
Sigue las columnas de Luis Alfonso Félix en la sección especial de Línea Directa
Muy vagamente recuerdo sus actuaciones cubriendo la pradera central, en un conjunto plagado de muchas figuras como Benjamín Cerda, Bernardo Calvo, Roberto Méndez, Saúl Mendoza, Roberto Ortiz, José Rodríguez, Edgar Tiburcio, Alejo Ahumada, Horacio Piña, entre otros nombres que recuerda mi atrofiado cerebro.
Macías había debutado con los Venados de Mazatlán en la temporada 1965-66, pero al siguiente año aterrizó en Culiacán, cincelando una de las dos mejores temporadas con el bat que tuvo en su carrera al batear 10 jonrones con 35 carreras producidas y 78 hits en 76 juegos. Aquellas eran temporadas largas que empezaban en el mes de septiembre.
Ángel fue de los jugadores emblemáticos que pasaron por la organización Guinda. Construyó una extraordinaria carrera que continuó con el archirival Naranjeros de Hermosillo a partir de la 70-71, para que vinieran los relevos generacionales como Domingo Cruz, Natanael Alvarado y otros peloteros gloriosos más.
Natanael heredó la posición de jardinero central por muchos años. Fue un elemento muy versátil que ocasionó bastantes problemas a los jugadores de cuadro convirtiéndose en un experto para tocar la pelota para embazarse. Además, fue el primer jugador en la historia del club con el que se experimentó jugar las nueve posiciones.
Macías y aquel extraordinario equipo que dio la gran sorpresa en 1957 en el Mundial de Pequeñas Ligas, abrieron el camino para que nuestro país no solo ganara ese año el campeonato, sino que lo revalidaron al año siguiente, representando a la Liga Industrial de Monterrey.
En 1997 México volvió a levantar ese trofeo, ahora con los Vaqueros de la Liga Lindavista, en un fantástico e increíble regreso en la final que dio paso al nacimiento de aquel famoso grito de “¡Sí se puede!”.