La derrota de Eduardo Núñez el fin de semana ante Emmanuel Navarrete no fue solo un tropiezo en el récord del sinaloense; fue una lección de boxeo de élite impartida por uno de los peleadores más heterodoxos y resistentes de la actualidad en México y en el mundo.
El “Sugar” Núñez perdió una clara y contundente pelea en la que no pudo descifrar el estilo del “Vaquero” Navarrete , por mucho que lo haya estudiado durante el tiempo de su concentración. Sufrió además su primera derrota por nocaut técnico en su carrera, originando una cascada de comentarios respecto a la fallida estrategia que le impidió llegar con contundencia a la humanidad del adversario, y de que era muy prematuro enfrentar a un rival con esas características que distinguen a Emmanuel.
Lo que todo México y parte del mundo vio esa noche, sin embargo, fue a dos valientes pugilistas que mantuvieron el guion de guerreros que caracteriza los duelos entre mexicanos, pero, sobre todo, a un valiente Núñez que no le importaba seguir recibiendo más castigo en su afán de concluir el combate de pie.
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Subir al cuadrilátero para enfrentar a Navarrete es como intentar resolver un rompecabezas mientras alguien te lanza ladrillos desde ángulos imposibles. Eduardo llegó con una estrategia basada en su poder de puños que lo ha llevado a ganar por la vía del cloroformo 27 de sus 29 triunfos, pero se topó con el volumen de golpe y la naturaleza impredecible del campeón de la OMB y ahora rey en dos organismos (sumó el de la FIB) en la división de los súper plumas.
Pero, ¿qué falló realmente esa noche en Arizona? Habría que destacar tres puntos:
Primero: la gestión de la distancia. Núñez permitió que Emmanuel acortara el ring demasiado rápido. Al verse acorralado, su boxeo de media distancia se desmoronó. Peleó a la distancia y eso concedió ventajas para un enemigo de brazos más largos. Cuando trató de llevar a las cuerdas al oponente y castigarlo, Navarrete tuvo la habilidad de salir sin recibir daño y conectando esos poderosos izquierdazos que maltrataron su ojo derecho.
Segundo: la lectura del “upper”. El golpe insignia del “Vaquero” entró una y otra vez. Eduardo no logró ajustar su guardia para cubrir los huecos ascendentes.
Tercero: la respuesta al castigo. Cuando Navarrete subió la intensidad en los rounds intermedios, el mochitense se mostró reactivo en lugar de proactivo, perdiendo la iniciativa y el favor de los jueces. Núñez tiene el talento y la juventud, pero el boxeo de alto nivel no perdona la falta de variantes.
Conclusión: un paso atrás para un salto adelante. Perder contra un peleador de la talla de Navarrete no es una vergüenza, es un diagnóstico. Núñez tiene las herramientas físicas; lo que le falta es el colmillo que solo dan las guerras. Si logra absorber esta derrota como aprendizaje y no como fracaso, todavía tiene amplio techo para volver a ser campeón.
El ahora excampeón mundial de la FIB tiene el tiempo suficiente para meditar sobre lo que viene, que seguramente serán peleas en las que, las oportunidades de volver a ser campeón mundial estarán allí, porque después de lo que demostró, es imposible no reconocer que merece volver a la cima.