Las redes sociales se incendiaron de comentarios y memes la noche del sábado pasado, apenas unos cuantos segundos después de que a Terence Crawford le levantaron la mano con mucha justicia para declararlo vencedor sobre Saúl “Canelo” Alvarez. El estadounidense había impuesto su exquisito boxeo para asestarle la tercera derrota en su carrera a alguien que para muchos ha sido una farsa del boxeo.
Crawford dobló al mexicano frente a 70 mil espectadores en un escenario de Las Vegas y ante millones de espectadores en México y otras partes del mundo. Le arrebató los cuatro títulos de los organismos más reconocidos que existen en el planeta, para en automático convertirse en un histórico del pugilismo al patentar su tercera hazaña como dueño absoluto de todos los campeonatos en una división.
La caída de Álvarez previo a las fiestas patrias fue vitoreada por millones, pero lamentada por otros tantos, aquellos que siempre creyeron que sus peleas eran tan genuinas como el mejor mezcal. Sus detractores se fueron directamente a la yugular del tapatío, a quien siempre han calificado de tramposo por muchas razones: eludir rivales, elegir contrincantes y poner cláusulas para su beneficio.
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Saúl demostró que ante boxeadores rápidos sus argumentos técnicos no le ayudan. Es cierto que Floyd Mayweather le borró su etiqueta de invicto cuando apenas comenzaba a alcanzar la cima, pero contra Dmitry Bivol y ahora Crawford, sus deficiencias afloraron de tal forma que eliminan las odiosas comparaciones y anulan aquellas creencias de ser el mejor pugilista en la historia de nuestro país.
Su poca humildad, la prepotencia ante los organismos para decidir con quién pelea y quien no, su soberbia cerrarle las puertas y negarle acreditación para sus combates a periodistas que critican muy continuamente su carrera, le ha generado mucha animadversión y fomenta una antipatía hacia él.
Hubo quienes, en los miles de comentarios en redes sociales, acusan a quienes no comulgan con su carrera de ser injustos y no darle el crédito de que Alvarez tiene que ser reconocido como un gran boxeador y el mejor de la historia. Yo en lo particular discrepo de tales aseveraciones.
Para un servidor, un peleador debe ser reconocido por su entrega en el ring,por sus exquisitos combates y grandes hazañas. Saúl ha sido un boxeador ejemplar por su disciplina, pero su carrera ha destacado más por el marketing y por ser una máquina de generar dinero, con todo y sus triunfos en los que expuso sus reinados. Pero hasta allí.
Su figura es el lado opuesto de lo que sobre el cuadrilátero lograron figuras como Julio César Chávez, Rubén Olivares, Raúl “Ratón” Macías, Carlos Zárate, José Ángel “Mantequilla” Nápoles, Miguel Canto, Juan Manuel Márquez, Erik Morales, Ricardo “Finito” López y Marco Antonio Barrera, los únicos a los que hay que presumir en un top ten. En ese selecto grupo de los diez mejores, Álvarez no tiene cabida. No lo aseguro yo, sino millones de mexicanos.