El PRI, la cachora y la cola bailadora

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Los recuerdos de mi ya lejana niñez, se encuentran hasta hoy inmaculados e intactos en algún rincón de mi cerebro.

Ese órgano prodigioso, que a la raza humana nos fue obsequiado por la madre naturaleza, y, que en mi caso particular se sigue portando generoso al mantenerlos vigentes.

Atrevidos y coquetos, asoman de manera cotidiana en busca de salir a la luz pública y alcanzar quizá, un refresco existencial.

 Ahí están entonces, al acecho y listos para saltar hasta mi mente y de ahí a la pluma atrevida que mueve mi mano para plasmar algunos trozos de aquellos tempos… Mis tiempos.

¿Y como negar a mis recuerdos el derecho a salir de mi mente, y alcanzar vida literaria a través de las letras?.

Imposible me resulta pues, traer a colación aquellos días en que, con escasos Ocho años de existencia, de manera cotidiana salía de mi casa convertido, según mi propia percepción, en un aguerrido cazador que se lanzaba al monte a buscar la pieza del día.

“Mi fusil de cacería, se constituía en una rústica resortera, con ligas de hule de llanta de bicicleta, funda de vaqueta y horqueta de alguna rama de mezquite.

Los proyectiles, eran piedras recogidas del arroyo del río Évora que por ahí cruzaba.  

Los objetivos de la cacería debían ser palomas, conejos, ardillas o iguanas, aunque acepto sin recato, que muy pocas veces regresaba a casa con alguna de las especies antes referidas.

Lo que mi terrible resortera, pocas veces perdonaba eran las cachoras (Pequeños reptiles con características propias de las iguanas) que pululaban en las frondosas ramas y troncos de los diversos árboles que se elevaban majestosos por todos lados.

Es precisamente, el recuerdo de las cachoras, lo que me hizo dar vida a éste relato.

¿La razón?; Es que, tras la captura de cada lagartija, siempre saltaba en mí una gran interrogante.

 ¿Por qué, me preguntaba yo, cuando la cola del pequeño reptil era separado del resto de su cuerpo, esta se seguía moviendo con un ritmo rumbero muy particular?.

Acepto que la explicación de ese fenómeno, nunca fue aclarada por persona alguna de mi entorno familiar, educativo ni social.

Hoy, la explicación de la ciencia me responde la incógnita por tantos años resguardada en el baúl de mi ignorancia.

LA RESPUESTA CENTIFICA… “Cuando al lagarto le cortan su cola, ésta se sigue moviendo cadenciosamente, como un mecanismo de defensa para atraer la atención de los depredadores y evitar que dirijan sus ataques hacia las partes vitales de su cuerpo, como la cabeza y el tronco”.

De esa manera, alegan los científicos, los animalejos salvan el pellejo.

EL PRI, LAS CACHORAS Y EL BAILE DE SUS COLAS

Sin el menor afán de la mofa, el escarnio ni la ironía, debo aceptar que el fenómeno de la cola bailadora de la cola de la cachora, me hizo voltear hacia el Partido Revolucionario Institucional.

Y es que, el glorioso PRI se resiste a morir, moviendo la cola que le ha sido golpeada y desprendida por los certeros golpes de sus depredadores políticos.

Hoy vemos que el PRI haciendo gala de su gran espíritu de sobrevivencia, sigue moviendo la cola, con evidente intención de hacerle ver a sus adversarios que no ha muerto, y que, tal y como sucede con los reptiles, su organismo tiene la gran capacidad para regenerar la parte del cuerpo que le ha sido mutilado.

La pregunta se hace entonces necesaria; ¿Será la famosa cachora, la gran inspiración que mueve a los priistas para pensar en que, su cola, puede lograr su gran regeneración?… La pregunta queda ahí planteada y en espera de ver si el milagro ocurre… Nos vemos enseguidita.

Fuente: Internet

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